Imagen nocturna de la Tierra que capta la actividad humana del planeta a través de las emisiones de luz artificial. Elaborada a partir de imágenes satelitales tomadas diariamente durante la última década, la imagen muestra la dinámica de la actividad humana nocturna: las zonas doradas indican un aumento de la luminosidad, las zonas moradas, una disminución, y las zonas blancas, ambos fenómenos. Crédito: Michala Garrison/Observatorio de la Tierra de la NASA

Las emisiones de luz artificial nocturna han aumentado un 16 % en apenas nueve años, una cifra que supera el crecimiento de la población mundial. Así lo revela un exhaustivo estudio liderado por la Universidad de Connecticut, en colaboración con la NASA, publicado este miércoles en la revista científica Nature.

La investigación, que utilizó 1,16 millones de imágenes satelitales diarias tomadas entre 2014 y 2022, concluye que la huella lumínica de la humanidad no es una entidad estática ni uniforme, sino una realidad «sorprendentemente dinámica» que refleja tanto el progreso tecnológico como las crisis sociales.

El doble efecto: Brillo y oscuridad

El aumento neto del 16 % es el resultado de una compleja balanza: mientras que algunas zonas experimentaron un incremento del 34 % en su luminosidad, otras áreas registraron una reducción del 18 %.

Este fenómeno se divide principalmente en dos tipos de variaciones:

  • Cambios graduales (51 %): Vinculados al desarrollo económico y la transición hacia la tecnología LED. En regiones como Europa (especialmente España, Francia y el Reino Unido) y zonas de Estados Unidos, el uso de LED ha permitido reducir la luminosidad media en un 25 %, demostrando ser una herramienta eficaz contra la contaminación lumínica.

  • Cambios abruptos (20 %): Provocados por inestabilidad energética, conflictos armados o crisis sociales. El estudio cita como ejemplos los apagones en Venezuela, las fluctuaciones en la producción de combustibles y las guerras en Oriente Medio, eventos que generan oscurecimientos repentinos en el mapa global.

Una herramienta para medir la civilización

Para los autores, la luz nocturna es una «poderosa herramienta» para evaluar la evolución de las infraestructuras humanas y las políticas públicas. El análisis detectó que cada ubicación estudiada sufrió, en promedio, 6,6 fluctuaciones distintas en menos de una década, lo que evidencia la volatilidad de la actividad humana.

Solo las regiones deshabitadas, como desiertos remotos y reservas naturales, han logrado mantener condiciones lumínicas estables.

Impacto ecológico y energético

Los nuevos mapas generados por este estudio permiten a los científicos no solo medir dónde se consume energía, sino también evaluar el impacto ecológico de la contaminación lumínica, la cual afecta los ciclos biológicos de numerosas especies.

El trabajo subraya que, aunque la tecnología LED es más eficiente, el crecimiento desmedido de la urbanización en otras partes del mundo sigue empujando el brillo global hacia niveles récord, planteando un desafío urgente para la sostenibilidad ambiental y la observación astronómica.

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