A las puertas de disputar la final de la Copa Mundial, Lamine Yamal, el joven extremo derecho de 19 años nacido y criado en España, se ha convertido en el centro de un debate nacional sobre lo que significa ser español.
De cara al partido más importante de su vida este domingo, su figura refleja la realidad de una selección y un país cada vez más multiculturales y exitosos, en medio de tensiones políticas por el aumento de la inmigración.
El epicentro de esta historia se encuentra en Rocafonda, un barrio a una hora de Barcelona caracterizado por su diversidad. Allí, donde las banderas españolas cubren tiendas de comestibles árabes y carnicerías halal, Yamal es considerado un héroe.
Su abuela, Fátima Romani, de poco más de 70 años, llegó sola desde Marruecos hace más de 40 años sin saber leer ni escribir, y trabajó constantemente para sacar adelante a sus seis hijos, incluido el padre del futbolista. Yamal pasó sus primeros años en un apartamento de este sector junto a sus padres y otros siete familiares.
Aunque tras la separación de sus padres se mudó con su madre, mantuvo un vínculo estrecho con su abuela, regresando los fines de semana. Hoy en día, el jugador celebra sus anotaciones formando con sus dedos el número 304, las últimas cifras del código postal de su barrio natal.
El impacto de Yamal coincide con un cambio demográfico notable: España, un país de menos de 50 millones de habitantes, recibió a más de cuatro millones de migrantes en los últimos cinco años.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sostiene que la migración impulsa la economía, compensa la baja natalidad y dinamiza la cultura. No obstante, este fenómeno genera división.
Marruecos es el país que más migrantes aporta, lo que ha alimentado quejas capitalizadas por partidos de extrema derecha como Vox y su organización juvenil Revuelta, quienes ven a Rocafonda como un ejemplo del desvanecimiento de la identidad tradicional.
La presión sobre Yamal abarca múltiples frentes. Ha sufrido insultos racistas en los estadios españoles y críticas en redes sociales por postrarse en actitud de plegaria.
Al mismo tiempo, enfrenta el reproche de sectores marroquíes por elegir jugar con la selección española en lugar de la del país natal de su padre. Frente a las críticas indirectas de políticos conservadores como el ex presidente Mariano Rajoy hacia selecciones con diversidad étnica, Yamal defendió en conferencia de prensa que el propósito del fútbol es integrar y que el combinado actual es un ejemplo de ello.
Fátima Romani, abuela del jugador, recuerda que cuando Yamal era niño y anotaba goles, escuchaba burlas a su alrededor como «maldito moro» o «mira al negro». Hoy, el retrato de su nieto está pintado con aerosol en una pared detrás de la portería del parque infantil del barrio.
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