
Aún no hay un borrador del texto, pero la propuesta de reforma de la Ley de Universidades está sobre la mesa. El Consejo Nacional de Universidades (CNU) aprobó a principios de octubre abrir un proceso de discusión nacional que conduzca a una nueva normativa para el sector de la educación superior.
Con el fin de conocer sus reflexiones sobre las condiciones mínimas que debe contemplar este marco legal, El Ucabista inició una serie de entrevistas a las autoridades de la UCAB.
La abogada, profesora y secretaria general de la casa de estudios, Magaly Vásquez, sostuvo que, para evitar retrocesos, cualquier cambio legal debe realizarse mediante una consulta realmente abierta y sin premuras con las autoridades y demás sectores académicos involucrados.
«Lo crucial no es la prisa política; hacer leyes de forma apresurada para enviar el mensaje de que las cosas van a cambiar solo genera mayor frustración cuando la realidad sigue igual», advirtió la doctora en Derecho.
Cualquier reforma seria toma «entre tres y seis meses»
La profesora aclaró que un trabajo legislativo serio sobre un borrador oficial tomaría entre tres y seis meses, un periodo que necesariamente debe incluir el estudio de impacto económico y la consulta pública.
Aunque señaló que la UCAB todavía no ha sido convocada formalmente a las mesas de trabajo para la discusión de esta reforma, confirmó que los canales de diálogo técnico y académico están abiertos con el ente rector.
Recordó que el Ministerio para la Educación Universitaria, a cargo de Ana María Sanjuán, sostuvo recientemente ,en el campus Montalbán, un encuentro con la representación estudiantil de la UCV, USB, LUZ y la UCAB.
Asimismo, precisó que la participación institucional de esta casa de estudios se ha concentrado en otras áreas operativas bajo la competencia del ministerio, «como la revisión de la normativa de estudios a distancia y en línea y los criterios para la aprobación de carreras y postgrados», dijo.
Eliminación de la discrecionalidad
Vásquez explicó que la ley vigente, de hace más de 50 años, regula escasamente a la gestión privada y remite a la autorregulación de este sector. Reconoció que el texto amerita actualización, pero insistió en que es fundamental ratificar la autonomía universitaria y fijar reglas que brinden seguridad jurídica, así como estándares de calidad en infraestructura y perfil docente para autorizar nuevas carreras.
«Considero que una ley debe fijar principios básicos y reglas generales que permitan a las instituciones, tanto públicas como privadas, autorregularse posteriormente atendiendo a su estructura y origen. Existen aspectos que hoy se manejan mediante resoluciones y normas sublegales que deberían elevarse a rango de ley para brindar seguridad jurídica. No me refiero a la parte procedimental u operativa, que requiere normas más ágiles, sino a lineamientos generales sobre la creación de carreras y programas».
En ese sentido, la autoridad universitaria enfatizó que la operatividad y el desarrollo académico del sector privado requieren un marco regulatorio estable que no quede expuesto a la discrecionalidad o a las dinámicas cambiantes de la administración de turno.
«Esto no puede depender del funcionario en funciones, sino de reglas claras aplicables a todas las instituciones por igual», aseveró.
Aprobaciones tardías
Como ejemplo, mencionó que la carrera de Ingeniería Mecatrónica de la UCAB tardó 12 años en ser aprobada. Explicó que la pérdida progresiva de competencias de las comisiones y núcleos técnicos de autoridades —encargados de evaluar técnicamente los proyectos y emitir informes especializados— derivó en un flujo institucional menos dinámico.
«Anteriormente los procedimientos eran más ágiles porque los núcleos de autoridades evaluaban los proyectos y emitían informes favorables que facilitaban el trámite. Al perder vigencia este esquema técnico, la aprobación de programas quedó sujeta a los vaivenes administrativos y a exigencias no contempladas en normas formales. Por ello, contar con reglas claras en una ley evita que los procesos se paralicen», argumentó.
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