La líder opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz de 2025 María Corina Machado, se encuentra en Oslo este lunes para participar en el Oslo Freedom Forum 2026, uno de los encuentros globales más influyentes sobre derechos humanos. EFE/ María Corina Machado en X - SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO) -

La líder opositora venezolana María Corina Machado regresó este lunes a Oslo, donde fue galardonada en diciembre pasado con el Premio Nobel de la Paz, para participar en un foro de derechos humanos y libertades y donde aseguró, cinco meses después, que su misión está «casi completada».

«Cuando salí de Venezuela lo hice con una misión que comenzó en esta ciudad. Hoy vuelvo con esa misión casi completada, a hablarles a los venezolanos que nos esperan en casa y también a los que están aquí en Noruega», escribió Machado en un mensaje de la red social X.

Está previsto que Machado intervenga este martes en el Foro de la Libertad de Oslo, adonde este lunes ya acudió para escuchar a su hija, Ana Corina Sosa, y donde mañana compartirá «el esfuerzo de los venezolanos en su lucha por la libertad», según informó el partido Vente Venezuela (VV), liderado por la nobel de la paz de 2025.

Redes de apoyo e impacto de la represión

En su regreso a la capital noruega, Machado intercambiará perspectivas con líderes, activistas y defensores de derechos humanos de distintas partes del mundo y mantendrá encuentros con venezolanos residentes en Noruega y con miembros de la comunidad internacional. La líder venezolana señaló que este regreso tiene un profundo significado personal y político, al representar el cierre de un ciclo y la cercanía de una nueva etapa para la nación, reiterando su mensaje a los ocho millones de migrantes: «Pronto nos reencontraremos TODOS en casa».

La dirigente opositora llegó originalmente en la noche del 10 de diciembre a Oslo tras salir en un viaje complicado de Venezuela donde había vivido en la clandestinidad, por lo que no pudo recoger en persona el premio, que recibió en su nombre su hija.

Precisamente Ana Corina Sosa, con su madre en la audiencia, describió este lunes en el Foro de Oslo «las amenazas constantes del régimen chavista» y la «represión» sufrida por su progenitora y el movimiento opositor en general. Dijo que, cuando vio el rostro de su madre «golpeado e hinchado hasta quedar irreconocible» entendió que el «verdadero propósito del autoritarismo no era solo controlar las instituciones, sino quebrar a las personas, separar familias, hacer que la gente tuviera tanto miedo, quedara tan paralizada, que dejara de creer que luchar por la libertad vale la pena». No obstante, sostuvo que es posible alcanzar la libertad y confió en que las familias puedan volver a casa.

Reconfiguración del panorama venezolano

Machado empezó en diciembre pasado en Oslo una gira internacional por la «libertad y la democracia en Venezuela», donde poco después, en enero pasado, Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro, y la entonces vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, se convirtió en la presidenta encargada del país tras los acontecimientos institucionales en Caracas.

Posteriormente, la líder opositora se trasladó a Washington, donde el 15 de enero entregó al presidente de EE.UU., Donald Trump, la medalla del Premio Nobel de la Paz, enmarcada con un mensaje de «gratitud» del pueblo venezolano por sus acciones decisivas para forzar el quiebre político del régimen.

Polémica por la cesión del galardón

El Instituto Nobel Noruego señaló entonces que el premio es inseparable del ganador e intransferible, y destacó que, independientemente de lo que ocurriera físicamente con la medalla, el diploma o la dotación económica de 11 millones de coronas suecas «sigue siendo el laureado original el que pasa a la historia como receptor del premio».

Varios políticos de distintos partidos noruegos criticaron con dureza la decisión de Machado, calificándola de «falta de respeto» al protocolo de la institución. No obstante, la líder venezolana defendió firmemente su postura, argumentando que entregar la insignia física al mandatario estadounidense era una representación directa del agradecimiento de la ciudadanía por la presión diplomática y logística ejercida sobre las redes del chavismo.

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