Un hombre camina frente a una tienda informal de banderas con la imagen del presidente de Brasil y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva y del candidato presidencial, Flávio Bolsonaro, este lunes en Brasilia (Brasil). Mientras las encuestas hablan de una extrema igualdad entre el presidente progresista Luiz Inácio Lula da Silva y el ultraderechista Flávio Bolsonaro, analistas consideran que el resultado de las elecciones brasileñas del 4 de octubre depende de un amplio sector que observa el proceso con distancia y escepticismo: los indecisos. EFE/Andre Borges

Más de 158 millones de brasileños están convocados este domingo a las urnas en unas elecciones que no solo decidirán la permanencia de Luiz Inácio Lula da Silva o el ascenso del ultraderechista Flávio Bolsonaro, sino que redefinirán el equilibrio de poder en la región frente a la presión de Washington.

Las elecciones en Brasil definen mucho más que el rumbo del país. El gigante sudamericano es una de las piezas más cotizadas en el mapa geopolítico de la administración de Donald Trump. Por ello, el resultado de estos comicios presidenciales dará forma definitiva al escenario político latinoamericano de cara al tramo final del mandato del republicano en Estados Unidos.

Mientras una ola derechista baña a gran parte de la región, Brasil se ha mantenido durante los últimos cuatro años como el principal bastión del progresismo sudamericano. Ante los embates de Washington, Lula ha optado por subir el volumen de su discurso soberanista, enarbolando el orgullo nacional y rechazando cualquier injerencia extranjera.

«Brasil no cabe en el patio trasero de nadie», afirmó recientemente el mandatario durante su discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Al día siguiente, Flávio Bolsonaro prometió que, de ganar los comicios, sumará al país al Escudo de las Américas, iniciativa de seguridad impulsada por Estados Unidos en la que ya participan mandatarios como el argentino Javier Milei, el paraguayo Santiago Peña o el chileno José Antonio Kast.

Una contienda dominada por los escándalos

Los dos favoritos representan caminos antagónicos: Lula, que busca un cuarto mandato a sus 80 años con una extensa trayectoria a sus espaldas, y Flávio Bolsonaro, respaldado por su padre tras la condena por golpe de Estado para mantener viva la dinastía política.

Pese a que el abogado y senador de 45 años ha ocupado cargos públicos durante décadas, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) ha dejado claro que no lo considera un rival de su envergadura. En una reciente entrevista, Lula afirmó categóricamente que Bolsonaro hijo «no tiene pasado, no tiene presente y no tiene futuro».

La campaña electoral se ha alejado de los debates programáticos para quedar atrapada entre noticias falsas, acusaciones mutuas y escándalos de corrupción. El que más hondo ha calado es el del Banco Master, considerado el mayor fraude financiero del país. Su propietario, Daniel Vorcaro, tejió una extensa red de influencias en los tres poderes del Estado y a ambos lados de la brecha política.

El candidato derechista se ha visto salpicado tras salir a la luz que solicitó a Vorcaro cerca de 12 millones de dólares (unos 10 millones de euros) para financiar una película biográfica sobre su padre. Por su parte, aunque Lula no está implicado personalmente, su imagen pública se ha visto afectada por la proximidad entre el banquero y el magistrado Alexandre de Moraes, uno de sus aliados institucionales clave.

La pugna por el voto útil

A pesar de sus marcadas diferencias ideológicas, las encuestas sitúan a ambos candidatos en un empate técnico en intención de voto, con un índice de rechazo que supera el 50 % en varios sondeos. Este elevado nivel de desaprobación deja un margen casi nulo de crecimiento directo a costa del rival.

Este escenario polarizado terminó por neutralizar las alternativas de ‘tercera vía’, como el psiquiatra Augusto Cury o el activista Renan Santos. Como resultado, tanto Lula como Bolsonaro han volcado sus esfuerzos de cierre de campaña en la apelación al voto útil.

Flávio Bolsonaro se ha enfocado en captar a los electores de otras fuerzas conservadoras mediante el llamado a un voto «inteligente», presentándose como la única opción capaz de derrotar al PT. Por su parte, la estrategia de Lula busca reducir la abstención —que en la primera vuelta de 2022 alcanzó el 21 %— centrando sus contenidos en los adultos mayores de 70 años, un electorado donde conserva una amplia ventaja y que representa más del 10 % del padrón electoral libre de la obligación de votar.

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