Berlín.- La canciller alemana, Angela Merkel, advirtió este miércoles sobre la evolución de la pandemia, instó a explicar y cumplir las restricciones, y subrayó que su objetivo es «hacer todo lo posible para evitar un segundo confinamiento».

En su intervención en el debate general y presupuestario ante el pleno del Bundestag (cámara baja alemana), la canciller buscó apelar a parlamentarios y ciudadanos en general, recurriendo a la responsabilidad y la emotividad, y con un tono sereno pero grave y por momentos preocupado trató de atraerse un respaldo mayoritario ante una crisis «histórica» y «extraordinaria».

La época fría del año es un «momento difícil» porque supone unas mejores condiciones de propagación para el Sars-CoV2 y por ello urgió a no relajar la atención y seguir cumpliendo las normas de distanciamiento y seguridad para no «arriesgar todo lo logrado» tras seis meses de lucha contra la pandemia. Los nuevos contagios rondan los 2.000 nuevos casos diarios – en una población de 83,2 millones – desde hace algo más de una semana.

«Estoy convencida de que las sociedades que van a salir más estables a largo plazo de esta crisis son las que señalan los peligros de forma abierta y transparente, que valoran la verdad, y que encuentran un equilibro entre los requisitos políticos y la aceptación y la participación de la sociedad civil», argumentó.

La canciller subrayó lo «incómodo» que resulta no saber «cuándo acabará» la pandemia – un período que «no conoce rutinas» -, reconoció su propio cansancio por la excepcionalidad y pidió actuar con «paciencia y sentido común» para «poder salvar vidas».

«Se trata de un largo camino. No hemos llegado al final de la pandemia. Con el otoño y el invierno tenemos un momento difícil ante nosotros», señaló Merkel, que consideró que cumplir las medidas del coronavirus «protegen no sólo a los mayores y grupos de riesgo, sino también al conjunto de nuestra sociedad abierta y libre».

UN DÉFICIT HISTÓRICO

En este contexto de excepcionalidad, se mostró convencida que haber dejado en suspenso el «freno de la deuda» y haber previsto incurrir este año y el que viene en los dos mayores déficit presupuestarios de la historia del país (217.000 y 96.200 millones de euros, respectivamente) es lo «correcto».

«La austeridad presupuestaria de los años anteriores nos ha permitido reaccionar y seguir teniendo la relación entre deuda y producto interior bruto (PIB) más baja de los países del G7», argumentó.

Los dos pilares de las cuentas de 2021, añadió, son la lucha contra las consecuencias económicas de la pandemia en empresas y empleados, autónomos, consumidores y familias, y las reformas para preparar Alemania para el futuro.

En ese contexto, indicó que las inversiones ascenderán a 55.000 millones de euros, frente a los 71.000 millones del presupuesto de este año, y que para los siguientes tres años se prevé mantener el nivel de inversiones en los 48.000 millones.

CHINA, RUSIA Y TURQUÍA

Sobre política exterior, Merkel se refirió a «retos internacionales» que ningún país puede solventar por sí mismo y defendió la «cooperación» y el «multilateralismo», un sistema que reconoció «bajo presión» en un mundo «agresivo» por el creciente «nacionalismo» y «proteccionismo».

En este contexto, agregó «es la hora de Europa», de la necesidad de los Veintisiete, que comparten «intereses y valores», de actuar unidos y tener una única voz en el escenario internacional.

Con respecto a China, rebajó las expectativas sobre un posible acuerdo bilateral de protección de inversiones por las dificultades para avanzar en el ámbito de la «reciprocidad» y se mostró «profundamente preocupada» por la situación en Hong Kong y por el «horrible» trato a los derechos humanos de las minorías.

En dirección a Rusia, volvió a exigir una investigación «transparente» del envenenamiento con un agente nervioso del líder opositor Alexéi Navalni y advirtió que si Moscú no se colabora habrá una «reacción» en el «ámbito comunitario».

En cuanto a Turquía, criticó la situación de los derechos humanos y las tensiones con Grecia y Malta en el Mediterráneo oriental, pero recordó que Ankara es asimismo un aliado en la OTAN y que contribuyó notablemente a atajar la crisis de los refugiados.

Sobre este punto, lamentó las «horribles imágenes» del campo de refugiados de Moria, que ardió a principios de mes, y defendió la decisión de su Ejecutivo de acoger a más de 1.500 personas aunque reconoció que «no es una solución sostenible».

«No encontrar una solución común para esta cuestión supondría un grave lastra para la capacidad de actuación de la UE», afirmó.

Juan Palop EFE