Un equipo internacional de científicos, liderado por el Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia (CNRS), ha identificado por primera vez efectos neurológicos inéditos provocados por una nueva generación de «químicos eternos» (PFAS).

El estudio, publicado en la revista Environmental Science & Technology Letters, revela que la exposición a estas sustancias emergentes desencadena alteraciones conductuales en mamíferos y compromete potencialmente el desarrollo cognitivo embrionario en aves.

Las PFAS —sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas— se tratan de compuestos sintéticos diseñados para repeler el agua, la grasa y la suciedad, presentes de forma habitual en productos cotidianos como sartenes antiadherentes, pesticidas y lubricantes.

Ante las crecientes restricciones normativas sobre las fórmulas tradicionales, la industria ha introducido sustitutos cuyas consecuencias biológicas siguen siendo en gran medida desconocidas.

Contaminación ambiental

En este contexto, la investigación se centró en el 7:3 FTCA, un contaminante ambiental en expansión derivado de la degradación de los alcoholes de fluorotelómero.

Para evaluar el impacto de esta sustancia en dosis reales, los investigadores aplicaron un enfoque combinado entre la fauna silvestre y el laboratorio.

Asimismo, expusieron embriones de gaviota a concentraciones ambientales de 7:3 FTCA, detectando la activación anormal de células inmunitarias en regiones cerebrales clave para el desarrollo cognitivo.

Por otro lado, tras administrar dosis proporcionales a ratones durante tres semanas, observaron esa misma inflamación cerebral acompañada de un aumento en la actividad neuronal de la corteza prefrontal. Esto derivó en cambios de conducta drásticos: los roedores mostraron una inusual pérdida de la aversión al riesgo, pasando más tiempo en zonas iluminadas e interactuando de forma prolongada con sus congéneres.

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