Cientos de voces se alzan en un coro de frustración: «¡Reparen  Los Raudales ya!». La calle Los Raudales, esa arteria vital que une zonas residenciales como Villa Unasur, Vista Real, Puerto Ordaz Suites, Angostura y el propio Los Raudales, se ha convertido en un campo minado de baches. Huecos de todos los tamaños, desde pozos traicioneros hasta cráteres que engullen llantas, convierten cada trayecto en una ruleta rusa para los vehículos de los residentes.

«Nos gastamos fortunas en mecánicos por estos hoyos», confiesa un vecino que prefiere el anonimato, con la voz temblorosa. Su historia eriza la piel: una noche oscura, sin un solo farol encendido, reduce la velocidad ante un bache gigante. De las sombras emerge un desconocido armado. «Me robó todo mientras yo forcejeaba con el carro atascado». No es un caso aislado. La ausencia de alumbrado público transforma la vía en un nido de delincuentes al caer el sol, agravando una inseguridad que ya asfixia a la zona.

Las súplicas no son nuevas. Gobernación de Bolívar, alcaldía de Caroní y las oficinas de Recursos Humanos de la Corporación Venezolana de Guayana, cuya dependencia luce imponente en el antiguo edificio de Seguros Guayana, justo esta calle conecta con dicha dirección de la CVG, afectados han enviado peticiones reiteradas; sin embargo, persiste un silencio total.

Pero el descuido no para ahí. Contigua a la calle, la cancha deportiva, un esqueleto de concreto sin luz y sus alrededores ahuyentan a niños y familias. «Queremos pavimentación completa, luces y desmalezado urgente», exigen los vecinos a los responsables de traer solución hasta este sitio de la parroquia Cachamay.

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