
El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, invitó este martes a cerca de 300 empresarios brasileños a invertir en su país con una «apertura absoluta», cerrando un foro en la Fiesp –la influyente patronal de São Paulo– junto a ministros clave. Tras asumir en noviembre, marca el fin de dos décadas de gobiernos progresistas con una agenda de reformas para generar «previsibilidad y confianza».
«Buscamos reducir la percepción de riesgo de más de 20 años», afirmó el ministro de Economía, José Gabriel Espinoza. Paz, condecorado con la Orden del Mérito Industrial, presumió su pragmatismo: diálogos con Donald Trump y Lula da Silva en la misma semana, evitando etiquetas ideológicas.
El ministro de Hidrocarburos, Mauricio Medinaceli, detalló cuatro leyes transformadoras: hidrocarburos, electricidad, energías verdes y litio, para flexibilizar al sector privado, armonizar reglas y adjudicar áreas mineras. Paz enfatizó sectores como agricultura, minería y energía, pidiendo a Brasil equilibrar un comercio bilateral caído de 5.500 millones de dólares (2013) a 2.600 millones (2025).
A nivel interno, urgió a los bolivianos dejar el «enclaustramiento mental» y rechazar liderazgos mezquinos, para que Bolivia sea «uno de los ricos del barrio» con aliados estratégicos.
Respuesta Brasileña y Compromisos
Empresarios y autoridades de Brasil respondieron positivamente. El ministro de Agricultura, Carlos Fávaro, destacó «tierras fértiles» y «seguridad jurídica» bajo Paz. Jorge Viana (ApexBrasil) apostó por una «nueva fase», con interés en Santa Cruz. José Serrador (Embraer) comprometió colaboración en defensa, agricultura y aviación.
El viceministro Márcio Elias Rosa priorizó minerales críticos. «Brasil necesita ser más generoso con vecinos», citó a Lula, tendiendo la mano para compras mutuas.
Esta visita refuerza la «agresiva política exterior» de Paz, posicionando a Bolivia en un mundo volátil.
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