
A sus 50 años, Keiko Fujimori se enfrenta nuevamente al veredicto de las urnas. Tras tres derrotas consecutivas en segunda vuelta, la líder de Fuerza Popular postula por cuarta vez con un objetivo dual: alcanzar la presidencia que le ha sido esquiva por márgenes ínfimos y consolidar definitivamente el legado de su padre, Alberto Fujimori.
A diferencia de sus campañas previas, Fujimori asume este reto en un escenario de profunda renovación personal. Es la primera vez que compite sin la presencia de su padre, fallecido en septiembre de 2024, y tras su divorcio de Mark Vito Vilanella en 2022.
Sin embargo, su mayor fortaleza en esta lid es su situación jurídica. El pasado 13 de enero de 2025, un tribunal dejó sin efecto el juicio en su contra por presunto lavado de dinero en la financiación de sus campañas, y en enero de 2026, la Corte Superior Nacional de Justicia ordenó el archivo definitivo del caso. Libre de cargas procesales, Keiko llega a la jornada electoral como la candidata a batir.
La apuesta por la «mano dura»
Según las últimas encuestas permitidas por la ley peruana, Fujimori lidera las preferencias, seguida de cerca por el cómico Carlos Álvarez y el exalcalde ultraconservador Rafael López Aliaga. Su estrategia de campaña se ha volcado hacia un conservadurismo acentuado y la promesa de «mano dura».
«Propongo un gobierno que cumpla, que trabaje y que esté en la cancha», ha reiterado en los debates, apelando al recuerdo del modelo de «paz y orden» implementado durante el decenio de su padre (1990-2000).
Una vida dedicada a la política
La trayectoria de Keiko ha sido una montaña rusa de poder y adversidad. En 1994, con solo 19 años, se convirtió en la primera dama más joven de América. Tras el escándalo de corrupción que provocó la renuncia de su padre por fax desde Japón en el año 2000, ella se mantuvo en la escena política, convirtiéndose en 2006 en la congresista más votada del país.
Su camino hacia la presidencia ha estado marcado por derrotas traumáticas frente a Ollanta Humala (2011), Pedro Pablo Kuczynski (2016) y Pedro Castillo (2021). En estas dos últimas, la diferencia fue de apenas 40.000 votos, resultados que ella cuestionó bajo denuncias de «fraude» que nunca fueron avaladas por organismos internacionales.
Sus detractores no olvidan el pasado reciente. Acusan a Fujimori de haber fomentado la inestabilidad política que llevó a Perú a tener ocho presidentes en casi diez años, debido a la postura confrontativa de su partido desde el Congreso tras la derrota de 2016.
Hoy, con una propuesta que busca capitalizar la crisis de seguridad y la nostalgia por el orden institucional, Keiko Fujimori espera que esta cuarta oportunidad sea la que finalmente le permita cruzar el umbral del Palacio de Gobierno.
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