
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, concluyó este jueves un viaje de cuatro días a Estados Unidos que incluyó una esperada reunión en la Casa Blanca con su homólogo Donald Trump, marcando un giro hacia el diálogo bilateral tras un año de críticas mutuas por redes sociales sobre migración, narcotráfico y la operación militar que depuso a Nicolás Maduro en Venezuela.
El encuentro, precedido de alta expectativa dada la visa especial de Petro —tras la cancelación de la suya en septiembre y su inclusión en la Lista Clinton de la OFAC—, transcurrió sin incidentes ni humillaciones, un logro en sí mismo según analistas.
«La relación estaba casi rota; esta reunión sin escándalos es positiva», valoró Yann Basset, profesor de la Universidad del Rosario. Petro calificó la cita como «positiva entre diferentes», enfocada en cooperación antinarcóticos —eje histórico de 40 años— y recuperación venezolana.
A puerta cerrada, Petro propuso que ejércitos colombiano y venezolano combatan narcotraficantes fronterizos, entregó lista de capos exiliados y ofreció ayuda colombiana en el sector petrolero pos-Maduro, subrayando su compromiso antidrogas pese a acusaciones previas de Trump de ser «líder del narcotráfico». No se anunciaron acuerdos concretos, pero María Claudia Lacouture, de Amcham Colombia, destacó el «marco de confianza y previsibilidad» recuperado para desafíos compartidos.
La gira incluyó discurso en la OEA, reuniones con empresarios cacaoteros y conferencia en Georgetown sobre el rol latinoamericano en la crisis ambiental. Analistas como Basset advierten prudencia por el estilo «tuitero» de ambos líderes, pero ven el diálogo como paso hacia normalización, con Petro a seis meses de fin de mandato y elecciones colombianas en perspectiva.
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