
Los dos sismos que sacudieron a Venezuela el pasado mes de junio dejaron una huella en la historia del país. Con epicentro en la ciudad de San Felipe, en el estado Yaracuy, hizo estragos en Caracas, estados centrales y La Guaira, siendo este último el más afectado. Esta tragedia se mide en pérdidas estructurales y en una dolorosa cifra que supera las cuatro mil víctimas e innumerables desaparecidos.
Sin embargo, hay un impacto invisible pero muy real que se extiende más allá de las zonas de desastre: el sufrimiento emocional de quienes sobrevivieron, los que, sin haber estado en el lugar ni haber perdido un familiar, experimentan un duelo abrumador.
Empatía y la culpa del sobreviviente
Sentir el dolor del otro no es una debilidad; es una condición de nuestra naturaleza. Inés María Davalillo, psicóloga del estado Bolívar, explicó que no debemos apresurarnos a buscar diagnósticos o etiquetas clínicas en esta época donde abunda la terminología médica, sino entender nuestro diseño biológico.
«Como seres humanos, estamos diseñados biológicamente para tener este tipo de respuestas. Tenemos unas células que se llaman neuronas espejo, que son las que nos permiten identificarnos con las emociones o las realidades de otra persona», señaló la especialista, siendo esta la base científica de la empatía.
En el contexto actual, este lazo se intensifica exponencialmente por la identidad compartida.
«Es una situación donde tenemos un tipo de vinculación, de identificación, porque son hermanos venezolanos; es normal y natural que tengamos este tipo de conexión», explicó.
A esto se suma un fenómeno psicológico complejo: la culpa del sobreviviente.
Davalillo detalló que nuestro cerebro, en un intento erróneo por establecer mecanismos de defensa ante la incertidumbre y la falta de control, empieza a generar preguntas difíciles de responder de forma remota: «¿Por qué les sucedió a ellos y no me sucedió a mí? ¿Por qué sucedió allá y no sucedió aquí? Esto genera una culpa que pueden vivir tanto las personas en la zona afectada como quienes estamos en situaciones remotas».
Peligro de reprimir las emociones y sobreexposición digital
En una sociedad que muchas veces enseña a huir de las emociones catalogadas como «negativas» (el miedo o la tristeza), la psicóloga enfatizó la importancia de validar lo que sentimos. Reprimir el dolor solo causa que este busque vías alternas e inesperadas para manifestarse.
«A nosotros no nos formaron para vivir nuestras emociones, sino para huir de ellas», dijo.
Asimismo, apuntó que «el miedo nos ayuda a protegernos, y la tristeza nos permite sobrellevar situaciones de pérdida, de duelo, y sobre todo están muy presentes cuando algo nos importa o le damos valor».
«Lo primero que debemos hacer es permitirnos vivenciar nuestra emoción, que es natural. Poder comunicarlo, expresarlo, desahogarnos… porque si no, la emoción de alguna manera va a salir», prosiguió.
Por otro lado, la era digital actúa como un amplificador de este malestar. La sobreexposición a videos de destrozos y testimonios desgarradores en redes sociales puede convertirse en una especie de autoflagelación vinculada a la culpa.
Davalillo advierte que este consumo desmedido eleva los niveles de cortisol, afectando la higiene del sueño, el estado de humor y el desempeño diario, abriendo la puerta a trastornos como la ansiedad o el estrés postraumático.
Volver a la «normalidad» sin ser juzgado
Uno de los dilemas morales más grandes de la población en las últimas semanas ha sido el regreso a la rutina. ¿Es válido abrir un negocio, estudiar o buscar un momento de distracción mientras el país sufre? La respuesta de la psicóloga es contundente: necesitamos un entorno operativo y saludable.
«Nosotros no necesitamos más gente enferma, necesitamos gente sana, determinada, que tenga herramientas para poder ayudar. Si yo paro mi cotidianidad, probablemente no vaya a tener las herramientas para ayudar», expresó.
A su vez, manifestó que «necesitamos empresas abiertas, hospitales abiertos, farmacias operativas… ¿A dónde recurro yo si estas empresas no están operativas? ¿Y quién me atiende si las personas no están trabajando?».
Davalillo exhortó a la ciudadanía a mirar hacia adentro, a buscar espacios de utilidad (como la difusión de información o apoyo en centros de acopio) y, sobre todo, a suspender los juicios hacia los demás.
En cuanto a la apatía o uso del humor de algunas personas frente a la tragedia, «muchas veces no son síntomas de un trastorno, sino mecanismos de defensa evasivos para evitar que la emocionalidad los desborde por completo», indicó.
Protección de la salud mental ante la emergencia
La psicóloga Inés María Davalillo hizo hincapié, en primer lugar, en la importancia crucial de limitar el consumo de medios para proteger nuestra salud mental, explicando que es fundamental regular el tiempo que pasamos expuestos a las noticias y ser sumamente selectivos con los contenidos, optando únicamente por aquellos que sean estrictamente informativos o útiles.
Al hacer esto, logramos evitar caer en el dañino bucle de videos trágicos y la sobreinformación, un hábito que suele alimentar la ansiedad de forma silenciosa.
Asimismo, la especialista invitó a los venezolanos a permitirse el esparcimiento privado sin culpas, señalando que no debemos castigarnos por buscar momentos de desconexión, ya sea viendo un partido de fútbol, disfrutando de contenido humorístico o simplemente distrayéndonos con actividades cotidianas.
Según explicó, darle un descanso al cerebro es un paso vital para nivelar el cuerpo y recuperar el equilibrio emocional en momentos de alta tensión.
Controlar la angustia y ansiedad
Para los instantes en que la angustia empieza a salirse de control, Davalillo recomienda recurrir a los ejercicios de enraizamiento o grounding. Esta herramienta consiste en forzar a la mente a volver al presente a través de los sentidos: en pleno pico de ansiedad, se deben nombrar conscientemente cinco cosas que se puedan ver y cuatro que se puedan tocar, todo esto acompañado de una respiración profunda y pausada para calmar el sistema nervioso.
Por último, la psicóloga hace un llamado a dejar a un lado la vergüenza y buscar ayuda profesional cuando la situación nos supere.
«Recuerda que reconocer que no podemos solos es un acto de valentía y que actualmente existen tanto canales de apoyo psicológico gratuito como profesionales especializados dispuestos a brindar el soporte necesario para atravesar momentos de abrumo», puntualizó.
Para cerrar, Inés María Davalillo dejó un mensaje al país.
«No nos avergüence la empatía. Yo creo que es lo más bonito que tenemos nosotros como seres humanos y como venezolanos, y debemos estar orgullosos de esa solidaridad tan grande que hemos manifestado. Nuestra realidad nos separó; nosotros debemos continuar en nuestra cotidianidad; eso no nos hace mejores o peores ciudadanos, nos hace humanos», concluyó.
Ayuda y apoyo en psicología
Si necesitas atención psicológica o deseas canalizar tu ayuda mediante centros de acopio e insumos para los damnificados en las zonas afectadas (como La Guaira y Distrito Capital), puedes contactar a las siguientes organizaciones y redes de apoyo, como la Federación de Psicólogos de Venezuela (FPV) y Colegios de Psicólogos Estatales, que mantienen activas sus líneas de primeros auxilios psicológicos y atención en crisis de forma gratuita.
En el caso del estado Bolívar, crearon una página web para atención gratuita: http://psicologosvoluntariosbolivar.com/.
Por su parte, la Cruz Roja Venezolana junto a Cáritas de Venezuela tienen activos sus espacios para la recepción de insumos médicos, de higiene personal, agua y alimentos no perecederos.
Asimismo, exigentes organizaciones de voluntarios que han formado centros de acopio en distintos puntos de la ciudad, así como negocios y locales que han abierto sus espacios para tender una mano amiga a los damnificados por esta tragedia.
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