Fotografía de archivo del presidente de Chile, José Antonio Kast, en el Palacio de la Moneda, en Santiago (Chile). EFE/ Javier Torres Lantadilla

La reforma constitucional para combatir al crimen organizado propuesta por el presidente de Chile, José Antonio Kast, que le permitiría decretar discrecionalmente un estado de excepción por ocho meses y restringir derechos, alertó a todo el espectro político y especialistas que cuestionan la posible pérdida de libertades y un riesgo para la democracia.

Tras la aprobación de la megarreforma económica y tributaria, el Ejecutivo avanzó hacia esta propuesta cuyos cuestionamientos ponen en duda su aprobación en el Senado. Especialistas en derecho constitucional señalan que la Carta Fundamental vigente no impide los objetivos de seguridad planteados y advierten que la medida otorgaría poderes excesivos al Presidente sin los contrapesos parlamentarios correspondientes.

Alcance de las restricciones y antecedentes institucionales

La iniciativa señala que la Presidencia podría establecer un periodo excepcional para limitar la libre circulación, el derecho de reunión y la asociación, además de permitir la intervención de comunicaciones privadas sin requerir una orden judicial previa.

Analistas en materia de seguridad sostienen que la interceptación de comunicaciones sin control jurisdiccional resulta preocupante, al tiempo que defienden que la prioridad del Estado debería centrarse en inyectar más recursos para fortalecer las instituciones en lugar de aplicar suspensiones de garantías ciudadanas. Por su parte, el ministro de Seguridad Pública, Martín Arrau, defendió la propuesta argumentando que se necesitan herramientas extraordinarias para intervenir zonas de difícil acceso dominadas por grupos delictivos.

El debate público sobre la seguridad y el régimen democrático

La expansión de organizaciones criminales transnacionales durante la última década ha convertido a la seguridad en una prioridad nacional. Ante este escenario, el Gobierno presentó ocho modificaciones constitucionales como parte de la Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo (ACOT), acompañadas por un paquete de iniciativas legales en tramitación.

Frente a las críticas sobre el impacto en el sistema republicano, el presidente Kast defendió su trayectoria señalando que siempre ha respetado las normas democráticas y los procesos electorales. Sin embargo, diversos académicos han calificado el proyecto como una medida de populismo constitucional que busca ofrecer soluciones simplificadas a un problema complejo. Se prevé que la iniciativa sea objeto de intensas negociaciones en el Congreso para evaluar posibles modificaciones al texto original.

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