
En una emotiva manifestación, se llevó a cabo el Encuentro Cultural «El Latido de la Esperanza» en las instalaciones de la Casa de la Música, ubicada en el municipio Caroní del estado Bolívar. La actividad, organizada en el marco de la iniciativa «Ruta de la Esperanza», brindó un cálido recibimiento a 32 familias provenientes de La Guaira que se han instalado en la región tras el doblete sísmico ocurrido el pasado 24 de junio, combinando la recreación infantil con espacios de apoyo psicosocial y catarsis colectiva.
La jornada destacó por manifestaciones tradicionales como los tambores y la burriquita, concebidas para transmitir cercanía y fraternidad. Sara Marín, integrante del equipo de la organización Tinta Violeta, resaltó la receptividad de la comunidad y el clima de confianza generado durante la actividad:
«La actividad fue bastante fructífera porque se pudo ver la reciprocidad de las personas y lo contentas que estaban. Quisimos que la llegada fuera una sorpresa con tambores y la burriquita para enseñarles cómo funciona nuestra cultura aquí en el estado Bolívar, haciendo que sintieran que éramos uno solo, porque somos un mismo país».
Marín enfatizó que el encuentro superó las expectativas al llevar alegría a los más pequeños y reforzar la resiliencia comunitaria:
«Más allá de hacer una simple actividad, lo que queríamos era unirnos como sociedad, porque en la unión está la fuerza. Este gesto nos demostró que podemos alegrar la vida de muchas personas que están levantándose tras una tragedia de esa magnitud, demostrando la fuerza del venezolano».
Por su parte, Andreína Jaramillo, quien forma parte del Ministerio del Poder Popular para la Cultura y Misión Cultura, explicó que el programa «Ruta de la Esperanza» ha identificado a unas 200 familias trasladadas a Bolívar a raíz de la contingencia en el litoral costero. En este encuentro participaron 32 familias compuestas por niños, lactantes y adultos mayores.
Jaramillo subrayó que la iniciativa busca ofrecer contención afectiva y reafirmar el sentido de pertenencia en su nuevo entorno:
«Esto no es una fiesta cualquiera; es un evento para darles la bienvenida y decirles que este territorio también es su casa. Aunque no sabemos si se quedarán de forma definitiva, hoy estamos aquí diciéndoles que este país les pertenece y los acoge con cariño».
La programación contó con un nutrido despliegue de talento regional, incluyendo las participaciones de la Coral Infantil de Sidor, el Movimiento Coral de Ciudad Guayana, voluntarios de Mimo, cuentacuentos y titiriteros de Guayana.
Mientras los niños disfrutaban de los actos culturales, los adultos tuvieron la oportunidad de entablar conversaciones significativas con pares que vivieron la misma emergencia sísmica en La Guaira. Este intercambio permitió procesar vivencias compartidas sobre la pérdida de sus hogares y reflexionar sobre el contraste y la adaptación, constituyendo un paso fundamental en su proceso de sanación integral.
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