Los avances de la Universidad de Wageningen demostraron cómo los Países Bajos continúan redefiniendo el panorama agropecuario global. A través del ecosistema de innovación conocido como «Food Valley», la nación europea ha superado las limitaciones de su reducido territorio para posicionarse como una superpotencia alimentaria.

El éxito de este modelo se desarrolla en invernaderos de alta tecnología donde el uso del suelo ha desaparecido casi por completo. Las plantas crecen en sustratos controlados por sensores que evalúan variables como la humedad, el CO2 y la temperatura, mientras que luces LED específicas moldean la producción de nutrientes. Esto permite un rendimiento de hasta 100 kg de tomate por metro cuadrado al año, superando los 20 kg promedio de invernaderos menos tecnificados en América Latina.

​Este nivel de desarrollo se alcanzó gracias a una tradición histórica de intercambio de experiencias entre agricultores y a un esquema de financiamiento que obliga a la universidad a cooperar directamente con empresas privadas para poder acceder a subsidios estatales. El mayor desafío actual en estas instalaciones es el alto consumo de gas natural debido al clima frío, por lo que el gobierno y los investigadores buscan una transición total hacia fuentes renovables para el año 2050.

Como innovación paralela, el centro de investigación también aplica la inteligencia artificial y la genómica en la ganadería, lo que proyecta una reducción del 25 % en las emisiones de metano de animales rumiantes durante los próximos 25 años.

 

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