Rusia

Moscú.-Rusia ha incluido en una «lista negra» a ocho altos cargos europeos, entre ellos al presidente del Parlamento Europeo (PE), el italiano David Sassoli, y la vicepresidenta de la Comisión Europea para Valores y Transparencia, la checa Vera Jourová.

El Ministerio de Asuntos Exteriores informó en un comunicado de que las personas sancionadas tendrán prohibida la entrada en Rusia, una medida que responde a unas sanciones impuestas a seis funcionarios rusos por la Unión Europea en marzo.

«La UE continúa la política de (imposición de) sanciones unilaterales ilegítimas contra ciudadanos y organizaciones rusas», afirmó la diplomacia rusa.

El departamento que dirige Serguéi Lavrov también acusó a Bruselas de «ignorar» las propuestas rusas para resolver las cuestiones polémicas a través de un diálogo «abierto y profesional».

Además de Sassoli y Jourová, engrosan la «lista negra» rusa el jefe de la Fiscalía de Berlín, Jörg Raupach; el miembro de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (APCE), el parlamentario liberal francés Jacques Maire, y la jefa del Laboratorio de Seguridad Química y Biológica de Suecia, Åsa Scott.

También han sido sancionados el director del Centro del Idioma Estatal de Letonia, Maris Baltins; el responsable del Departamento de la Lengua de Estonia, Ilmar Tomusk, y el presidente del Consejo Nacional de Letonia para Medios Electrónicos, Ivars Abolins.

El presidente de la Eurocámara ha sido crítico con Rusia por sus acciones relacionadas tanto con el líder opositor ruso Alexéi Navalni como con la agresión rusa en el este de Ucrania.

Jourová, a su vez, ha acusado a Rusia -y a China- de estar detrás de muchos de los bulos, la desinformación y otras formas de manipulación y distorsiones de noticias que se están difundiendo durante la pandemia del coronavirus.

NAVALNI Y DERECHOS HUMANOS

El pasado 2 de marzo, los Veintisiete impusieron sanciones a cuatro personas relacionadas directamente con la detención del opositor ruso Alexéi Navalni, que cumple ahora una condena de dos años y medio de prisión por un antiguo caso penal, tras sobrevivir en agosto pasado en Siberia un envenenamiento con agente tóxico Novichok del que culpa al presidente de Rusia, Vladímir Putin.

Se trata del jefe del Comité de Investigación de la Federación Rusa, Alexandr Bastrykin; del fiscal general, Ígor Krasnov; el jefe de la Guardia Nacional, Víktor Zólotov, y del jefe del Servicio Federal Penitenciario, Alexandr Kalashnikov.

Tras el intento de asesinato, el opositor ruso fue trasladado de un hospital en Omsk (Siberia) a una clínica berlinesa, donde se recuperó. Al regresar a Rusia el 17 de enero pasado, fue directamente detenido en un aeropuerto moscovita.

Alemania determinó que Navalni fue envenenado con un agente tóxico Novichok, hallazgo que fue confirmado por laboratorios de Suecia -el que dirige Scott- y de Francia.

El francés miembro de la APCE sancionado por Rusia hoy fue a su vez el ponente de una resolución en la que la organización exigió la puesta en libertad inmediata de Navalni.

El 22 de marzo, la UE sancionó además a dos rusos más -el jefe del departamento del Ministerio de Interior de una ciudad chechena, Aiub Katáev, y el jefe de las fuerzas especiales de Chechenia y viceprimer ministro de la República, Abuzaid Vismurádov, que además es considerado el guardaespaldas «no oficial» del líder checheno, Ramzán Kadírov.

El bloque comunitario impuso estas sanciones por delitos, incluida la «tortura», contra personas LGBTI en Chechenia.

De acuerdo con el Ministerio de Exteriores de Rusia, las medidas adoptadas contra los ciudadanos rusos «contradicen la Carta de la ONU y las normas del derecho internacional» y son acompañados por una «histeria antirrusa en medios occidentales».

«No se presentan pruebas (de la culpabilidad de los ciudadanos rusos)», insiste la diplomacia rusa, que ve en las acciones de la UE un intento de «contener» a Rusia «a cualquier precio» e imponerle su visión del orden mundial.

Según Rusia, eso «se hace de una forma abierta e intencionada» y con el visto bueno de Estados Unidos, interesado en convertir a Europa en un escenario de confrontación geopolítica».