

El frío de la capital rusa se transformó en puro fuego sobre el cuadrilátero el pasado sábado 11 de julio. En un choque de alta tensión y con olor a campeonato del mundo, el invicto pegador local Sharabutdin Ataev dio el paso más importante de su carrera profesional al derrotar por la vía del cloroformo al aguerrido exmonarca mundial venezolano, José “Bolivita” Uzcátegui, en una eliminatoria directa por el título semipesado de la Asociación Mundial de Boxeo (WBA).
La mesa estaba servida para un clásico duelo de boxeo: el ímpetu y la frescura del prospecto clasificado contra la maña, el colmillo y el poder de un veterano que ya supo reinar en las grandes ligas.
El choque de dos realidades
Desde el campanazo inicial, la atmósfera en el recinto moscovita era eléctrica. «Bolivita» Uzcátegui, fiel a su estilo de guerrero llanero, no viajó a Rusia a ser un simple escalón. Durante los primeros asaltos, el venezolano plantó cara, manejó los tiempos con su respetable mano derecha y buscó cortar el ring para hacer valer su experiencia en peleas de campeonato. Su presencia física y su mirada desafiante dejaron claro que Ataev tendría que sudar sangre si quería el boleto mundialista.
Sin embargo, Ataev demostró por qué es considerado una de las joyas de las 175 libras. Con una velocidad de manos envidiable y un boxeo de alta escuela, el ruso empezó a descifrar la guardia del sudamericano a partir del tercer asalto. Con combinaciones quirúrgicas de jab y ganchos a las zonas blandas, el invicto local fue minando la resistencia de un Uzcátegui que, a pesar de su valentía, empezó a resentir el ritmo sofocante del combate.
El desenlace: El rugido del patio
El punto de inflexión llegó a mediados de la pelea. La juventud de Ataev comenzó a inclinar la balanza de forma definitiva. La distancia ya no pertenecía al venezolano; el jab del ruso entraba como un pistón, abriendo las compuertas para combinaciones que hicieron estallar a la fanaticada local.
La clave del combate: La precisión y el volumen de golpeo de Ataev neutralizaron por completo los intentos de contragolpe de un Uzcátegui que se fue quedando sin piernas ante el incesante castigo.
Hacia los asaltos finales, con un Uzcátegui visiblemente mermado pero con el corazón intacto, Ataev apretó el acelerador. Tras una combinación fulminante que sacudió la humanidad del excampeón, el desenlace se hizo inevitable, sellando una victoria categórica para el ruso ante el delirio de su público.
Lo que viene para ambos
Con este triunfo en la eliminatoria de la WBA, Sharabutdin Ataev mantiene su récord inmaculado y se posiciona en la rampa de lanzamiento definitiva. Ha dejado de ser una promesa para convertirse en una amenaza real y obligatoria para los actuales monarcas de la división de peso semipesado.
Por su parte, José “Bolivita” Uzcátegui cae con las botas puestas. Aunque la derrota lo aleja de la gloria inmediata, el nativo de El Vigía volvió a demostrar que es un guerrero de época, vendiendo cara su derrota en territorio enemigo y dejando su alma sobre la lona.
Moscú fue testigo del nacimiento de una nueva fuerza en las 175 libras, y el mundo del boxeo ya tomó nota.
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