El Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (CENDAS-FVM) presentó este mes de marzo un balance devastador: durante febrero de 2026, el poder adquisitivo del docente venezolano se evaporó casi por completo.

Con un salario promedio de apenas 2,04 dólares, los educadores del país se enfrentan a una realidad donde enseñar se ha convertido en un acto de heroísmo frente a un mercado que no perdona.

La brecha económica se mide en una cifra escalofriante: se requieren 315,55 salarios promedio para cubrir la Canasta Alimentaria Familiar, valorada en 645,67 dólares. El estudio detalla cómo un profesional de la educación, pilar del desarrollo nacional, apenas percibe unos 798 bolívares mensuales (a una tasa de cambio de Bs. 390), mientras que el costo de alimentar a una familia de cinco personas supera los 251.000 bolívares.

¿Cómo se llegó a este abismo? El precedente inmediato es una política de «bonificación» del ingreso que ha estancado las escalas salariales mientras la inflación y el ajuste cambiario siguen su curso.

Esta erosión sistemática ha transformado el sueldo en una cifra simbólica, forzando a los maestros a depender de bonos gubernamentales que, aun sumados, apenas cubren una fracción del gasto alimentario. El déficit del 99,7% indica que el salario actual es, en la práctica, inexistente para cubrir necesidades vitales.

 

según el CENDAS, incluso si un docente recibiera el «Bono de Guerra Económica» y el cestaticket íntegros, necesitaría acumular al menos 3.4 bonos mensuales solo para costear la comida, sin contar servicios, transporte o salud.

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