El agua es uno de los graves problemas que deben enfrentar a diario los habitantes de esta comunidad y luego el transporte público. Foto: Níger Martínez

Ubicada a 10 kilómetros de la avenida Manuel Piar, la comunidad de El Rosario, en la parroquia Chirica, vive una emergencia permanente que ya suma dos décadas. Lo que alguna vez fue un servicio funcional, hoy es solo una red de tuberías oxidadas y secas. Para las casi 800 familias que habitan este sector con más de 80 años de historia, la prioridad ya no es el transporte ni el asfaltado, sino el acceso al agua, un derecho que se ha convertido en un lujo inalcanzable.

Vivir en El Rosario implica destinar gran parte del presupuesto familiar a la compra de agua. Solbella Mendoza, vecina de la calle Luisa Cáceres de Arismendi, relata que debe pagar 1.300 bolívares para llenar un tanque de mil litros y 450 bolívares por un solo tambor.

«Hay vecinos que no tienen para pagar ni un tambor. Hacemos sacrificios porque el agua es vital, pero los reales no alcanzan», lamenta Mendoza.

Esta situación ha dado pie a una economía informal donde propietarios de motocicletas adaptan remolques manuales para distribuir agua en el barrio, aumentando los precios constantemente.

Proyectos fallidos y dudas sobre la inversión

La indignación en el sector aumenta al recordar los intentos fallidos de solución. Los consejos comunales unificados adquirieron en el pasado una máquina perforadora de pozos profundos, pero el equipo -que según denuncian era usado- se averió en su primer intento de perforación en el Liceo Coronel José María Camacho. Hoy, nadie da razón del paradero del taladro hidráulico ni del destino de los fondos de proyectos que, en teoría, fueron ganados para solventar la crisis.

La falta de agua potable se suma a la inexistencia de una red de aguas servidas. Miriam Figuera, habitante de la zona, explica que deben recurrir a pozos sépticos para gestionar los desechos, lo que representa un riesgo sanitario latente. «Es peor que una penitencia. No es lo mismo pagar la luz o el gas que tener que comprar agua a diario para cocinar, lavar y asearnos», afirma Figuera, quien señala que la población ya ha perdido la esperanza en las promesas gubernamentales.

El transporte: otro golpe a la comunidad

A la crisis hídrica se suma el colapso del transporte público después de las 5:30 de la tarde, transportistas de la zona indican que la falta de gasolina subsidiada y el avanzado deterioro de las vías de acceso a El Rosario y sectores aledaños como El Frío, El Mangal y San Román, limitan el servicio. Quienes trabajan fuera de la comunidad quedan varados en San Félix, sin opciones para retornar a sus hogares después del anochecer.

Hoy, El Rosario es el reflejo de una comunidad que, ante la ausencia del Estado, ha tenido que «acostumbrarse» a resolver sus necesidades básicas por sus propios medios, pagando precios excesivos por un recurso que debería llegar de forma gratuita y constante a sus hogares.

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