Luego de un proceso judicial que se extendió por un año, el Tribunal 2° en materia de Violencia contra la Mujer dictó una sentencia condenatoria de 16 años y tres meses de prisión contra Carlos Emilio Oliveros Sánchez, de 78 años de edad. El sujeto fue hallado culpable del abuso sexual de una niña de apenas cinco años de edad.

El fatídico caso tuvo lugar en el sector Campo Solo, donde el sentenciado residía. Oliveros Sánchez se valió del estrecho vínculo de confianza que mantenía con el núcleo familiar de la víctima, al punto de que la menor se refería a él con el apelativo afectuoso de «abuelo».

Traición a la confianza y descubrimiento

Las investigaciones determinaron que los abusos se perpetraban cuando la niña asistía a la vivienda de Oliveros para recibir clases de tareas dirigidas, las cuales eran impartidas por la esposa del hoy condenado. La situación salió a la luz cuando la pequeña, de manera inocente, relató a su madre los actos a los que era sometida en el interior del inmueble.

Tras la revelación, la madre de la víctima inició una batalla legal que acompañó con una fuerte denuncia en medios digitales y redes sociales. Esta acción generó una ola de indignación en la comunidad de Campo Solo, cuyos vecinos protagonizaron diversas manifestaciones frente a la casa del agresor para exigir que el crimen no quedara impune.

Un historial de impunidad

Durante el juicio se reveló un antecedente alarmante: hace siete años, Oliveros Sánchez ya había sido acusado por un delito de naturaleza similar. En aquella ocasión, el sistema de justicia le otorgó el beneficio de «casa por cárcel», una medida que, según denuncias de los habitantes del sector, el hombre nunca cumplió de manera efectiva, permaneciendo en las calles sin mayor restricción.

Justicia definitiva

En esta oportunidad, el tribunal determinó que existían suficientes elementos de convicción para ratificar la responsabilidad penal de Oliveros. La sentencia definitiva no solo busca castigar el daño causado a la menor, sino también

asegurar que el responsable cumpla la totalidad de su pena en un centro de reclusión formal, cerrando un capítulo de horror que se convirtió en un símbolo de la lucha contra el abuso infantil en el municipio San Diego.

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