Esta semana, el mercado energético global lanzó un salvavidas de precios altos que Venezuela apenas logra sujetar. Mientras el barril de petróleo escala posiciones, la clase trabajadora en el país reclama que la única cifra que sube es el costo de la canasta básica, dejando al gobierno entre la espada de la producción y la pared de la protesta social.

El cómo se llegó a este punto es una mezcla de geopolítica y erosión interna. Según analistas internacionales, el alza del crudo es una ventana de oportunidad nacida del conflicto externo, pero la industria nacional, golpeada no tiene la capacidad técnica para aumentar la producción de inmediato.

La situación de los trabajadores comtenpla un precedente claro: tras años de hiperinflación y una política de bonificación del salario, el poder adquisitivo del trabajador venezolano se ha pulverizado, convirtiendo cada repunte del barril en una promesa que parece nunca llegar a las mesas de las familias.

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