Roma.- Si hasta ahora en Italia el coronavirus se ha ensañado especialmente con las regiones del norte, su impacto en el sur, más pobre y con más desempleo, puede ser más grave ante el riesgo de que las mafias extiendan su poder allí donde las instituciones públicas no alcanzan a dar una respuesta a la crisis.

«Si no llega el Estado llega el crimen, que se disfraza de benefactor y te hace comer, y después te pide la cuenta», explica en declaraciones a EFE el alcalde de Nápoles Luigi de Magistris, que advierte del peligro real de que «el virus desencadene un contagio criminal».

Leoluca Orlando, alcalde de Palermo e histórico de la lucha antimafia, lo expresa de otra manera: «si un enfermo llama al médico y este no le responde, llamará al hechicero». Ambos avisan de que las organizaciones criminales tienen una liquidez de la que carecen las instituciones públicas y, como dice De Magistris, «no tienen burocracia».

LA CRISIS INTERMINABLE DEL SUR

«La crisis sanitaria llegó primero al norte y se extendió después al sur, pero la crisis económica ha empezado en el sur», cuenta Orlando, alcalde de la capital de Sicilia y una de las ciudades más pobladas del país, pero también una de las más pobres.

El parón económico decretado por el Gobierno, que ha puesto en una situación delicada a trabajadores de todo el país, se enfrenta en el Mediodía italiano con un agravante: los millones de trabajadores en negro que tienen muy difícil acceder a las ayudas estatales.

En Italia hay 3,7 millones de trabajadores irregulares, según datos del Instituto Nacional de Estadística ISTAT, «de los cuales una buena parte están en el sur», señala Angelo Colombini, secretario confederal del sindicato CSIL, con gran presencia en estas regiones.

En Sicilia, Campania o Calabria, la crisis de 2008 provocó que muchas empresas cerraran y no volvieran a abrir, sigue Colombini, por lo que la gente se enfrenta ahora «la imposibilidad de trabajar cuando ya tenían muchos problemas antes».

Ante esta situación el Gobierno ya ha adelantado medidas, como ayudas de 4.300 millones a los ayuntamientos y 400 millones en bonos-compra, además de anunciar que extenderá la renta para la ciudadanía, un ingreso mínimo del que dependen muchas familias en el sur.

Para De Magistris, que antes de alcalde de Nápoles fue fiscal contra la mafia, estas medidas son «un primer paso» pero hacen falta más recursos, sobre todo para los ayuntamientos, «al borde del colapso».

EL PELIGRO DEL DÍA DESPUÉS

Las alarmas saltaron el fin de semana pasado, cuando un grupo de personas asaltaron un supermercado de Palermo y en las redes sociales se extendieron llamadas a la revuelta, algo que Orlando despacha como «un episodio aislado que no ha tenido más recorrido».

Aun así, la ciudad ya llevó a cabo una «durísima acción preventiva» para impedir que la situación de necesidad se transforme en un aumento de la violencia.

En Palermo las familias que acudían a los servicios sociales pasaron de 600 a 10.000 en estas semanas, sigue Orlando, que alerta de la «nueva pobreza» de trabajadores hasta ahora acomodados y que han perdido cualquier ingreso.

«Después de una crisis como esta va a haber mucha fragilidad social, y ese es el terreno propicio para las mafias», explica Vincenza Rando, abogada y vicepresidenta de la asociación antimafia Libera, quien teme que las organizaciones criminales entren a sectores profesionales nuevos como el sanitario.

Todos los entrevistados coinciden en que el mayor peligro se dará cuando pase la crisis sanitaria y haya miles de empresas en la quiebra y con necesidad de liquidez. «Al principio vienen con el rostro humano de quien te quiere ayudar, y esto les sirve para volver a ganar un consenso que han perdido», apunta De Magistris.

«A las mafias que van con su dinero a una empresa en dificultad no les interesa tanto la restitución sino controlar el territorio y el consenso», sigue Rando.

«En 1985 le quité todas las contratas a las empresas operadas por la mafia y los trabajadores despedidos se manifestaron contra mí llevando mi ataúd», recuerda Orlando, que asegura querer evitar absolutamente volver a esa época.

¿CÓMO SE FRENA A LAS MAFIAS?

Primero hay que «intervenir sobre las necesidades reales, porque si no se apaga el incendio de la necesidad tenemos una bomba entre las manos», según De Magistris, que pone de ejemplo iniciativas de Nápoles como un banco de mutuo apoyo para los más vulnerables.

«El problema es hoy para quien quiere comer, mañana será el día de los usureros», advierte Orlando, que pide relajar las normas presupuestarias de las ciudades para poder gastar los fondos en la recuperación económica.

Desde Libera piden la colaboración europea, porque según advierte Rando, «las mafias no tienen fronteras» y en una situación así pueden extenderse por todo el continente.

Además de la respuesta institucional, ciudadanos del sur y de todo el país ya han puesto en marcha iniciativas de solidaridad vecinal, como la surgida en Nápoles de la «spesa sospesa», una cesta en la calle en la que los vecinos ponen comida para aquellos que los necesiten.

«En Nápoles tenemos un dicho: el napolitano pasa hambre pero nunca muere. Como sabemos sufrir tenemos una red muy fuerte de protección social que nos da anticuerpos frente al virus del crimen», concluye De Magistris.

Álvaro Caballero EFE

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