La Sociedad Venezolana de Psiquiatría ha emitido una alerta crítica sobre el estado de la salud mental en el país, estimando que aproximadamente el 40 % de los venezolanos padece actualmente algún trastorno mental, con una prevalencia alarmante de cuadros de ansiedad, fobias y episodios depresivos severos.

Esta cifra revela una emergencia silenciosa que afecta a casi la mitad de la población, cuya estabilidad emocional se ha visto erosionada de manera sistemática.

El origen de este repunte se encuentra en la exposición prolongada a un estrés crónico y sostenido. Factores como la precariedad económica, la deficiencia en los servicios públicos y la inestabilidad social han actuado como detonantes biológicos, alterando la regulación de neurotransmisores y hormonas en los ciudadanos.

Esta carga emocional no solo deriva en patologías mentales crónicas, sino que ha manifestado su cara más trágica en el incremento de los índices de suicidio, especialmente dentro de la población adolescente.

A la gravedad clínica se suma una brecha de acceso económica casi inalcanzable para el ciudadano promedio. Mientras los centros de atención pública cierran o pierden especialistas debido a la migración, el sector privado presenta costos prohibitivos: hospitalizaciones que oscilan entre los 2.000 y 10.000 dólares mensuales y fármacos que superan los 30 dólares por unidad.

Ante este escenario de vulnerabilidad extrema, la doctora Macías enfatiza la urgencia de reactivar la inversión pública y masificar programas de psicoeducación para evitar que estas patologías se vuelvan irreversibles en el tejido social.

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