

La crisis hídrica que azota a la capital de Honduras ha alcanzado un punto de extrema vulnerabilidad. Ante la ausencia de lluvias significativas, las reservas de agua de Tegucigalpa se precipitan hacia niveles críticos, lo que obligó a las autoridades municipales a endurecer drásticamente el cronograma de racionamiento y suministrar el servicio apenas una vez cada nueve días por lapsos de unas pocas horas.
La capital hondureña, que alberga a cerca de dos millones de habitantes, arrastra una crisis de abastecimiento desde hace años. Sin embargo, la situación se tornó insostenible en junio pasado, cuando se implementó un esquema de distribución cada siete días que ya ha demostrado ser insuficiente debido al déficit persistente de precipitaciones.
Embalses en caída libre
Julio Quiñónez, director del Sistema Municipal de Gestión de Riesgos, advirtió que el escenario climatológico sigue siendo adverso. Actualmente, la represa La Concepción —responsable de abastecer cerca del 60% de la capital— opera apenas al 30% de su capacidad total, mientras que el embalse Los Laureles se encuentra al 38%.
Ante este panorama, el calendario de distribución tuvo que ajustarse a partir del 1 de agosto para espaciar el servicio entre siete y nueve días, limitando el suministro de dos a seis horas por zona, dependiendo del sector.
«De no haberse tomado esta medida, los embalses habrían descendido al 20% hacia el 20 de agosto. Con el nuevo calendario, ese umbral crítico se prevé para el 20 de septiembre», explicó Quiñónez.
Los expertos señalan que, al descender por debajo del 20% de capacidad, la acumulación de sedimentos dificulta severamente el aprovechamiento del agua, y al tocar el umbral del 15%, el recurso hídrico deja de ser útil para el consumo humano.
La dura realidad en las comunidades
El impacto de la sequía se traduce en postales cotidianas de angustia. Ada Maribel Núñez, residente de 54 años en la colonia Ulloa y miembro de una familia de siete integrantes, relata la crudeza de la situación: «Solo nos están tirando una hora el agua, cada ocho días». El suministro es tan limitado que apenas alcanza para beber y cubrir mínimas tareas domésticas, obligándola a trasladarse con frecuencia a los lavaderos públicos de la zona para poder lavar la ropa.
Actualmente, la red pública de Tegucigalpa distribuye unos 90.000 metros cúbicos diarios de agua, cubriendo a cerca del 72% de la población. El resto de los habitantes debe ingeniárselas mediante la compra de camiones cisterna, largas filas de espera o largas caminatas hacia ríos y quebradas para realizar labores de limpieza.
Un déficit estructural que exige soluciones a largo plazo
Las autoridades reconocen que la emergencia actual no responde exclusivamente a la falta de lluvias, sino a un déficit histórico de infraestructura para la captación y almacenamiento de agua que ha sido rebasado por el acelerado crecimiento demográfico.
El alcalde de Tegucigalpa, Juan Diego Zelaya, indicó que la Alcaldía ha comenzado la rehabilitación de fuentes subterráneas para mitigar la emergencia inmediata. No obstante, admitió que la sequía está vinculada a un «fenómeno mundial» y apuntó que la verdadera solución estructural
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