Un terremoto de magnitud 6,9 sacudió el norte de Japón durante la mañana de este jueves, dejándose notar con intensidad en la capital, Tokio. A pesar de la magnitud del temblor, las autoridades niponas descartaron la emisión de una alerta de tsunami.
Según informó la Agencia Meteorológica de Japón (JMA), el sismo ocurrió a las 7:30 hora local (22:30 GMT del miércoles), localizándose a una profundidad de 50 kilómetros en las aguas frente a la prefectura de Iwate.
Impacto y suspensión de servicios
El movimiento telúrico se percibió con especial fuerza en la superficie de la región septentrional. Algunas localidades de la prefectura de Aomori registraron un nivel 6 en la escala japonesa de 7 niveles, la cual mide el potencial destructivo y el grado de agitación del suelo.
Hasta el momento, los efectos reportados en la infraestructura son los siguientes:
Transporte: Los servicios del tren bala (shinkansen) han sido suspendidos de manera preventiva.
Energía: Equipos técnicos se encuentran inspeccionando las instalaciones nucleares de la prefectura de Aomori para descartar cualquier tipo de anomalía.
Daños: No se dispone todavía de información oficial sobre víctimas mortales, heridos o daños materiales graves.
Respuesta del Ejecutivo
La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, se pronunció a través de su cuenta en la red social X para pedir calma y prevención a la ciudadanía:
«A los residentes de las zonas donde el temblor fue más fuerte, les pido que sigan atentos ante la posibilidad de réplicas de la misma intensidad», declaró la mandataria, ratificando la ausencia de peligro de tsunami.
Takaichi confirmó que el Gobierno estableció de inmediato una oficina de respuesta en el Centro de Gestión de Crisis de su residencia oficial y que ya se coordinan las medidas de emergencia para el rescate y salvamento de posibles afectados.
Por su parte, el portavoz del Ejecutivo, Minoru Kihara, ratificó en rueda de prensa que el panorama inicial se mantiene bajo control y sin reportes de fallas en los complejos atómicos. Japón se asienta sobre el Anillo de Fuego del Pacífico, una de las zonas sísmicas más activas del planeta, razón por la cual sus infraestructuras están diseñadas con estrictos estándares de ingeniería para resistir estos eventos.
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