“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo se lo digo: si no hay en ustedes algo mucho más perfecto que lo de los Fariseos, o de los maestros de la Ley, ustedes no pueden entrar en el Reino de los Cielos. Ustedes han escuchado lo que se dijo a sus antepasados: «No matarás; el homicida tendrá que enfrentarse a un juicio.» Pero yo les digo: Si uno se enoja con su hermano, es cosa que merece juicio. El que ha insultado a su hermano, merece ser llevado ante el Tribunal Supremo; si lo ha tratado de renegado de la fe, merece ser arrojado al fuego del infierno. Por eso, si tú estás para presentar tu ofrenda en el altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí mismo tu ofrenda ante el altar, y vete antes a hacer las paces con tu hermano; después vuelve y presenta tu ofrenda. Trata de llegar a un acuerdo con tu adversario mientras van todavía de camino al juicio. ¿O prefieres que te entregue al juez, y el juez a los guardias que te encerrarán en la cárcel? En verdad te digo: no saldrás de allí hasta que hayas pagado hasta el último centavo”.  

Reflexión hecha por Luis Perdomo Animador Bíblico de la Diócesis de Ciudad Guayana. Venezuela

La Iglesia universal celebra hoy, la fiesta entre otros santos, en honor a Santa María Micaela del Santísimo Sacramento, religiosa española, fundadora de la congregación de Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad. Nació en Madrid, España el 1 de enero de 1809 y murió en Valencia, España, el 24 de agosto de 1865. El 7 de junio de 1925 el Papa Pío XI la proclamó beata, el mismo Pontífice la canonizó el 4 de marzo de 1934.

En la liturgia del día meditamos los textos: 2Cor 3,15-4,1.3-6; Sal 84 y el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, según San Mateo capítulo 5, del verso 20 al verso 26. en el que se relata el discurso de JESÚS, dado a sus discípulos en torno a la Ley de DIOS. En esa exhortación los invita a superar el rigorismo de apariencia que vivían los fariseos y los maestros de la Ley y enfocarse en una aplicación de la Ley, de una manera más humana para que dé, el fruto esperado por DIOS, que es el de tener una comunidad de respeto de orden y de Amor.

JESÚS no cuestiona las exigencias de la Sagrada Escritura, ni se contenta tampoco con hacer un comentario de ella; sino más bien, que hace un llamado a la purificación del corazón, es decir, de nuestras intenciones y deseos. Es la vivencia plena de la Ley, que nace de una mirada puesta en DIOS. Ya que cuando nos volvemos hacia el Padre, descubrimos cuán imperfectos son los criterios humanos de moralidad, y podemos asumir con mucha responsabilidad que nuestros pecados son los malos pensamientos y deseos que alimentan nuestro interior, los que generan nuestro alejamiento de DIOS y de la Comunidad de Fe.

Al confrontarnos con el texto, y hacernos un examen de conciencia de cómo estamos haciendo realidad los Mandamientos de la Ley de DIOS en nuestras vidas y fundamentalmente el quinto Mandamiento. Ya que para cumplir la Ley es suficiente no matar, y desde el punto de vista de la letra de la Ley, este es un mandamiento que cumplimos más del 99% de la población mundial. Por lo que puede decirse que creyentes y no creyentes cumplimos con este mandamiento. Pero JESÚS no quiere que nos limitemos a evitar asesinar a nuestros semejantes. Eso no es lo que nos distingue de los demás, porque en todas las culturas quitar la vida es una atrocidad y es castigado por las leyes civiles. Por eso es que JESÚS nos recuerda hoy, que, el cristiano no es el que no asesina, sino más bien el que trata con Bondad y con Misericordia a su prójimo.

Ya que lamentablemente hay muchos de los que nos llamamos cristianos que pensamos que la propuesta y el mensaje de JESÚS, se caracteriza por ser facilista respecto a la Ley judía, sin tener en cuenta lo que Él Mismo nos dijo de que había venido a darle Plenitud a la Ley.  Y que San Pablo nos ayuda a entender: “porque la Ley del Espíritu que da Vida en CRISTO JESÚS te liberó de la ley del pecado y de la muerte” (Rom 8,2). Por eso es que JESÚS, no solo prohíbe el asesinato, sino también a la violencia verbal, como elemento que nos aleja de DIOS e impide nuestra Salvación.

Dejemos, pues, de llamar solamente pecado a aquello que los hombres notan y condenan, y comencemos de manera decidida a darle plena vigencia al Mandamiento del Amor de Nuestro Señor JESUCRISTO, amando y sirviendo a nuestros semejantes tal como Él nos Ama a nosotros.

Señor JESÚS, ayúdanos a erradicar de nuestras bocas toda violencia verbal porque nos aleja de Ti y de nuestros semejantes, permítenos más bien tener siempre unas palabras de Amor y de Esperanza para contribuir con la construcción de la nueva sociedad que todos soñamos.

Amén

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