AME1034. LA GUAIRA (VENEZUELA), 19/07/2026.- Niños afectados por los terremotos de Venezuela el 24 de junio animan al momento que se juega la final del Mundial de la FIFA 2026 entre España y Argentina este domingo, en La Guaira (Venezuela). EFE/ Miguel Gutierrez

Dolores de cabeza, dificultades para dormir, nerviosismo y molestias físicas sin causa médica son parte de las secuelas que enfrentan los menores damnificados por el doblete sísmico que afectó a Venezuela hace casi un mes. Así lo alertó este martes la ONG Plan International, con sede en Panamá, al urgir una respuesta integral en salud mental para la población infantil.

«Estar conscientes de estas señales de estrés postraumático y actuar sobre ellas, junto con la atención médica, es tan urgente como reconstruir un techo», indicó la asesora regional de Protección de la Niñez en Acción Humanitaria de la organización, Yesica Serrano. Los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 registrados el pasado 24 de junio provocaron el colapso de infraestructuras en La Guaira y zonas aledañas a Caracas, dejando más de 5.200 fallecidos y miles de damnificados.

Condiciones de hacinamiento y vulnerabilidad emocional

Citando datos de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), la organización detalló que actualmente existen 107 campamentos transitorios que albergan a más de 23.800 personas, lo que representa cerca del 86 % de su capacidad total, mientras que más de 17.900 ciudadanos continúan sin una vivienda estable.

Plan International señaló que la acumulación de escombros, las condiciones inadecuadas en los refugios y la alteración en las dinámicas de cuidado familiar están profundizando el impacto emocional. «Las organizaciones socias que responden en el terreno reportan que las molestias físicas aparecen con más frecuencia, revelando semanas de sueño interrumpido, sobresaltos y miedo acumulado», destacó la ONG.

Manifestaciones del trauma según la etapa de desarrollo

Serrano, quien se encuentra en territorio venezolano, enfatizó que cuando la emergencia inicial transcurre, la angustia permanece en la mente y el cuerpo de niños y adolescentes. «La salud mental de la niñez ya no puede tratarse como una respuesta secundaria. Si no atendemos el bienestar físico y emocional en conjunto, la recuperación será imposible», afirmó, recordando que los menores no siempre cuentan con las palabras para expresar su malestar.

La especialista explicó que los síntomas varían según la edad: los niños más pequeños suelen presentar pérdida de apetito, llanto recurrente o sobresaltos ante ruidos fuertes, mientras que los adolescentes tienden al aislamiento, el silencio o la agresividad. Ante este escenario, Plan International y sus aliados locales han desplegado programas de apoyo psicosocial e intervenciones para fortalecer la protección de la infancia en las zonas afectadas.

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