

La comunidad con más de dos décadas de fundada no supera el colapso de los servicios básicos; sus residentes siguen esperando respuestas del Gobierno nacional, la Alcaldía de Caroní y la Gobernación del estado Bolívar.
Habitantes de Villa Caruachi, en la parroquia Unare de Puerto Ordaz, continúan padeciendo por las promesas incumplidas del gobernador anterior y del alcalde de Caroní. Pese a haber visitado la zona en múltiples oportunidades y prometer soluciones definitivas para la red de aguas negras, el asfaltado, la distribución de agua potable y la optimización del servicio eléctrico, la realidad del sector sigue intacta.
A la crisis de servicios se suma la falta de transparencia presupuestaria. Los vecinos desconocen el destino de los recursos aprobados para los proyectos comunales elegidos mediante votación popular. Diversos afectados afirman que, así como llegan las partidas presupuestarias, desaparecen sin que la contraloría social del Consejo Comunal fiscalice o investigue su ejecución.
El deterioro vial se percibe desde que culmina la avenida Caracas, en el tramo fronterizo con los sectores Las Amazonas y Sendero de Luz. A partir de dicho trayecto, los baches y los vertederos improvisados flanquean la pequeña carretera que conduce hacia la represa Caruachi. Al tomar el desvío hacia Villa Caruachi, el panorama no mejora. «Aquí no hay nada bueno de qué hablar; solo hay necesidad y calamidades», señaló un lugareño.
Avenida 1 con la K166
En la intersección de la avenida 1 con la K1 con la 66, una tanquilla deteriorada de la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (CANTV) entorpece el tráfico automotor. Los cables flotan sobre aguas servidas que anegan el sitio, mientras que, a pocos metros, otra laguna imposibilita la circulación. Los huecos anegados con mezcla de agua de lluvia y residuales dominan la vialidad.
Ana María, habitante del sector, explicó que la comunidad supera los 25 años de fundada y enfrenta graves deficiencias estructurales comparadas con sectores colindantes. Aseveró que la red de aguas negras construida en el lugar jamás entró en funcionamiento operativo, lo que obligó a las familias a excavar pozos sépticos improvisados.
“La situación con las pozas se agrava porque muchas están rebosadas. Cuando llueve, las aguas putrefactas con desechos orgánicos brotan a las calles e inundan los huecos”, afirmó otra vecina.
La deficiencia en el transporte público empeora la dinámica comunitaria. El único medio disponible son vehículos conocidos como «perreras», los cuales carecen de rutas internas organizadas. Para abordar alguna unidad, los usuarios deben caminar varios kilómetros.
Electricidad, agua y fallas de aseo urbano
Esmeralda, residente de la zona, indicó que, a pesar de contar con servicio telefónico de CANTV, la mayoría de las calles permanecen intransitables y muchas otras jamás han visto capa de asfalto. “Solicitamos asfaltado urgentemente, pero antes de pavimentar se debe instalar y poner en marcha una red eficiente de aguas servidas”.
El suministro eléctrico sufre interrupciones constantes, la presión del agua potable es deficiente y el servicio de aseo urbano es inexistente. Ante la falta de recolección, los vecinos se ven obligados a trasladar sus desechos sólidos hacia terrenos baldíos.
Residentes denuncian que la acumulación de desperdicios en lotes cubiertos de maleza genera vertederos que atraen todo tipo de plagas hacia las viviendas.
En el sector A, la maleza de la montaña adyacente propicia la salida de serpientes que ingresan a las casas, poniendo en riesgo la integridad de niños, mujeres y adultos mayores. “Hemos tenido que matar varias culebras dentro de los inmuebles. Exigimos a la alcaldía la desmalezamiento e higiene integral de la zona para eliminar la proliferación de reptiles”, concluyeron los afectados.
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