Iquitos, Perú. No son mutantes, ni viven en las alcantarillas de Nueva York, ni protagonizan películas y series de televisión. Sin embargo, la tarea encomendada a las tortugas taricayas, no deja de ser esforzada, ambiciosa y digna de un superhéroe: tienen ni más ni menos que salvar la Amazonía.

Por si fuera poco, todo ese quehacer de las podonecmis unifilis, el nombre científico de esta especie, también pasa por otro triunfo no menor: recuperarse de la situación de casi extinción que la especie sufre en la región del bajo Nanay, cerca de Iquitos, en el corazón de la selva tropical peruana.

La misión de salvar la selva y a sus habitantes fue «impuesta» a esta pequeña especie, también como si de un cómic se tratara, por una iniciativa público-privada entre varias instituciones del Estado peruano y el Grupo AJE que promueve la reinserción y recuperación del animal en zonas donde había desaparecido para restablecer el equilibrio ambiental de la selva.

TENEMOS UN PLAN

Las tortugas son el eje de un plan de acción que ha tenido su punto crítico esta semana en el Nanay con la liberación de aproximadamente 5.500 crías de tortuga en sus aguas.

Las jóvenes tortugas, que apenas miden 4 centímetros al salir de su cascarón, son fruto de la eclosión de 205 nidadas incubadas de forma artificial en «playas» dispuestas en diversos puntos de la ciudad de Iquitos.

Los huevos proceden de la reserva Pacaya Samiria, un lugar cuyos pobladores recogieron los huevos hace semanas para, en lugar de ser consumidos, fueran usados para la repoblación.

Jorge López-Doriga, director ejecutivo de Comunicaciones y Sostenibilidad del Grupo Aje, que financia la mayor parte del proyecto, lo resumió así a Efe: «compramos a las comunidades los frutos de Pacaya Samiria para criarlos y liberarlos en otras zonas».

«Queremos que los habitantes vivan de poner en valor la protección del bosque y queremos llevarlo a otras zonas. Así recuperamos a las tortugas, y con ellas vinculamos a la población a cuidar de ellas, pues ofrecen una posibilidad de desarrollo económico, alimentación y cuidado medioambiental», apuntó a Efe.

La idea es convencer a los pobladores y al mundo que el «oro verde», la biodiversidad de la Amazonía, representada en este caso por las tortugas, vale más que el «oro negro o el oro amarillo» por su carácter sostenible.

La venta de tortugas para criaderos, o el turismo vivencial, que atrae personas para que vengan a ver, cuidar y liberar tortugas, por ejemplo, son objetivos clave de la iniciativa.

MISIÓN AMBIENTAL Y HUMANA

Como explicó a Efe José Álvarez, director general de biodiversidad biológica del Ministerio de Ambiente de Perú, «el Amazonas, a pesar de su abundancia y extrema biodiversidad, está bastante enfermo».

«Las taricayas antes abundaban en esta zona, pero fueron extirpadas, y estos bosques no tienen ya los elementos para el equilibrio. Es la fauna que dispersaba las semillas y controlaba la forestación, mientras que abrió un agujero en la seguridad alimentaria, ya que los huevos de tortuga eran un aporte esencial de proteínas para las poblaciones indígenas», indicó.

Así, entre las consecuencias más graves de su ausencia está la «catástrofe socioeconómica que padecen los indígenas, que sufren con índices de anemia brutales y malnutrición endémica», apuntó el biólogo.

Con nidadas que llegan a 50 huevos anuales, el desarrollo de la población de tortugas tendrá por tanto una aportación «mayor que la del turismo» en la vida de los pobladores, en un entorno que se beneficiará de la presencia de un animal que ayudará además a controlar la vegetación y a dispersar semillas.

«Estas tortugas eran una fuente importantísima de recursos para las sociedades y cumplían funciones esenciales para el ecosistema que dejaron de cumplir. Lo que queremos es dar una ayuda humana a la naturaleza para recuperar los beneficios que ocupaba en el pasado. La defaunación es brutal en las zonas accesibles de la Amazonía. Esto es un inicio para recuperar algo que ya funcionó», culminó.

EFE