Calle Negro Primero del sector Las Américas, se halla destruida por alcantarilla que se rebosa y bocas de visitas colapsadas. Foto: Níger Martínez

En el corazón de Las Américas, San Félix, la calle Negro Primero evoca el coraje de un héroe independentista, pero para sus 68 familias se ha convertido en un campo de batalla diario contra el lodo y la contaminación.

Nombrada en honor al legendario Negro Primero tras la fundación del sector, esta arterial vial hoy es sinónimo de zozobra. Cuando las lluvias arrecian, un caudal imparable de aguas negras y pluviales emerge de una alcantarilla que desciende desde la calle Macedo, converge con Francisco Morazán y desborda el colector principal. El torrente arrasa todo a su paso, ingresando a las viviendas y forzando evacuaciones de emergencias.

Barricadas improvisadas contra el invasor

Es un ritual de supervivencia que se repite cada temporada. Los vecinos erigen muros de contención y barricadas en la carretera para desviar la corriente fétida, cargada de toneladas de basura que la alcantarilla vomita sin piedad.

«Es alarmante el caudal que sale de ahí», relata Yarleny Jiménez, líder de calle con más de 20 años en el sector, madre de dos niños pequeños y víctima perpetua de esta pesadilla. Vive en zozobra constante, viendo cómo el agua arrastra escombros, plásticos y desechos que tapan la boca de la alcantarilla, probablemente por la basura que arrojan residentes de calles aledañas a la zanja.

No es un problema aislado; las 68 familias de Negro Primero ven sus hogares inundados, la calle saturada de lodo y restos putrefactos. Prioridad absoluta para ellos es que la alcaldía de Caroní y la gobernación intervengan, aunque el barrio arrastra otras deficiencias crónicas que agravan su abandono.

Nadie escucha sus plegarias

Las denuncias caen en saco roto. «Nadie escucha nuestras plegarias», claman unánimes, mientras el agua contaminada amenaza su salud y patrimonio. Yarleny enfatiza que el volumen arrastra «todo lo que encuentra», convirtiendo la calle en un río cloacal que obliga a desalojar casas enteras. Para los lugareños, esta es la gota que colma el vaso en un contexto de múltiples carencias.

Nohemi Reyes, otra afectada de larga data, pinta un panorama desolador. «Desde hace muchos años venimos padeciendo por culpa de esa alcantarilla, pero hemos enfrentado el problema sin ayuda del gobierno local», afirma con resignación.

La lista de males es interminable: la luz se va y viene a merced de guayas eléctricas vencidas que se rozan con la brisa, provocando cortos y daños en electrodomésticos. Los propios residentes colocaron palos de escoba como separadores improvisados para evitar desastres mayores.

Acostumbrados a las fallas

Otro nativo del sector amplía el lamento; no solo el colector y la electricidad son fallas endémicas. Botes de aguas negras proliferan porque muchas bocas de visita han colapsado, dejando que las residuales corran libres por las calles.

También dijo que el asfalto está plagado de huecos gigantes, excavados por esos mismos botes. Y el agua potable por tubería es un lujo esporádico, llega una vez por semana, por unas horas escasas.

En Negro Primero, la independencia se libra a pulmón, con barricadas de arena y plegarias al cielo, aguardando que las autoridades despierten de su letargo.

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