Se agrava la situación en varias comunidades, entre la ruta I de Vista al Sol y sectores de Inés Romero en San Félix, con los botes de aguas negras. Foto: Níger Martínez

La desidia se adueña de los barrios vulnerables de Ciudad Guayana, donde un persistente bote de aguas negras entre la ruta I de Vista al Sol y los sectores Alto Voltaje, Villa Tablitas y El Peghal se ha convertido en un río fétido que amenaza con engullir calles, hogares y esperanzas.

Vecinos, hartos de denuncias ignoradas, claman por un milagro ante la indiferencia de Hidrológica Bolívar y la Alcaldía de Caroní.

A pocos metros de la cárcava de la ruta I de Vista al Sol en San Félix, persiste un bote de aguas negras las 24 horas del día. Las aguas residuales van directamente al socavón, un cráter inmenso que devora el asfalto y otra parte al barrio Villa Tablitas, inundando varias familias que habitan en esta comunidad golpeada por décadas de abandono. El hedor penetrante impregna el aire, mientras moscas zumban en nubes densas sobre la laguna de excrementos que se expande con cada gota de lluvia.

La rebosada boca de visita, o sumidero, como llaman los locales a esta cloaca infernal, no solo afecta a los residentes de Villa Tablitas, también a los de Alto Voltaje y El Peghal. Ya se formó un inmenso cráter en esta importante vía arterial que hace imposible el tráfico automotor; autos desvían por senderos improvisados, peatones zanquean lodazales que salpican sus zapatos con fecales putrefactas. «Es un río negro que nos ahoga», describe un vecino anónimo, tapándose la nariz mientras esquiva charcos viscosos.

Denuncias ignoradas

Nativos de estas comunidades dicen que están cansados de denunciar dicha situación. El problema ha sido reportado en muchas oportunidades a la VenApp, igualmente a representantes de la Hidrológica del estado Bolívar y alcaldía de Caroní, pero las respuestas se pierden en burocracia eterna.

“Nosotros mismos hemos querido eliminar el bote de aguas residuales con escombros, sin embargo, agravamos la situación. No se trata de una sola boca de visita, son varias cloacas de las que salen aguas fecales y en algunas oportunidades se forma una inmensa laguna de excremento”, apuntó Rosa Martínez, madre de tres niños asmáticos que tose cada vez que abre la ventana.

Desidia gubernamental

Según Petra, otra vecina curtida por 25 años en el barrio, durante la época de verano el problema se alivia un poco, “cuando llegan las lluvias se hace insoportable”.

En Villa Tablitas, los niños sufren de asma, problemas respiratorios y se han reportado casos de dengue, y nadie acude al llamado de los vecinos. Otro lugareño explicó que las cloacas rebosadas tienen muchos años: “por más que la gente de Hidrobolívar haga el mantenimiento, no deja de salir excremento por los sumideros tapados”. Afectados explican que la solución es abrir la calle y cambiar las tuberías fracturadas para que el agua circule libremente.

“Villa Tablitas en más de 25 años de fundada no tiene red de aguas negras. Los residentes utilizan pozos sépticos, pero las aguas fecales de las bocas de visitas cercanas se meten a este sector e ingresan a algunas casas”, dijo Gloria González, quien tiene una hermana viviendo en esta comunidad.

Las personas entrevistadas coincidieron en que los gobiernos de turno no están interesados en solucionar este problema y otros que perjudican a las comunidades más vulnerables de San Félix. Dicen que les tocará seguir esperando o que se haga un milagro, mientras el hedor se cuela por puertas y ventanas, y los niños juegan al borde del cráter que devora su futuro.

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