EFE/EPA/MONIRUL ALAM

El ciclón Mocha, que tocó tierra el domingo en el oeste de Birmania, ha dejado al menos 130 muertos en campamentos de desplazados de rohinyás en los aledaños de la ciudad de Sittwe (en el estado occidental de Rakháin), la más afectada, descrita a EFE por testigos como si «hubiera sido bombardeada».

«No he vivido una situación así en mi vida. Es como si la ciudad hubiera sido bombardeada. Los tejados de las casas no están. No queda nada», dijo hoy a EFE desde Sittwe U Aung Aung, secretario de la cámara de comercio e industria de Rakháin.

El hombre, de unos cincuenta años, afirma que no ha podido salir de su vivienda, mientras «el Ejército y la policía limpian las carreteras», y reitera que «hay muchos daños, aunque los programas de ayuda no han llegado aún. Tenemos que arreglar nosotros la casa».

Si bien Sittwe, la capital del estado occidental de Rakháin, hogar de unas 150.000 personas, es según oenegés y agencias de la ONU la urbe más afectada por Mocha, se teme que la mayoría de muertos se concentre en los campos de desplazados de sus alrededores, donde viven más de 100.000 miembros de la minoría musulmana rohinyá.

Aunque han pasado tres días desde su impacto, es difícil conocer con exactitud el número de víctimas y la situación en el terreno.

Según los últimos datos del grupo de voluntarios Alin Yaung, que actúan en la zona, a los que tuvo acceso EFE, al menos 130 rohinyás de 11 campos de desplazados han muerto debido al ciclón, una cifra que el medio local The Irrawaddy eleva en total a más de 200, si bien anticipa que la cifra puede aumentar porque centenares siguen desaparecidos.

La oenegé Partners Relief & Development, que opera en la zona, afirma asimismo en su cuenta de Twitter que los campos de rohinyás han quedado «diezmados» por la tormenta y que las carreteras están bloqueadas y la electricidad cortada.

La Oficina para la Coordinación de Ayuda Humanitaria de la ONU (OCHA) indica que se teme que «docenas» hayan muerto y describe en un comunicado un «escenario de pesadilla», advirtiendo de que se estima que 5,4 millones de personas se encontraban en la zona impactada por el ciclón.

La violenta tormenta destrozó las telecomunicaciones y el acceso a la zona, en un estado además especialmente desatendido, pues en Rakháin viven cientos de miles de miembros de la minoría musulmana rohinyá, que Birmania no reconoce como ciudadanos del país y cuyo Ejército persigue.

La situación en el terreno está pues salpicada de incertidumbre y desconfianza, pues mientras oenegés hablan de cientos de muertos, la junta militar birmana, que se instaló en el poder tras dar un golpe de Estado el 1 de febrero de 2021, solo reconoce 21 muertos, entre ellos miembros de las fuerzas de seguridad, según un diario militar.

La junta está liderada por el mismo general, Min Aung Hlaing, responsable de la campaña de limpieza étnica de 2017 que derivó en el éxodo de unos 700.000 rohinyás a Bangladesh.

Según contó a EFE Ko Thar Shay, secretario de la Fundación Metta Raya, con sede en Sittwe, la desconfianza hacia los militares habría llevado a muchos rohinyás a preferir no ser evacuados antes de que impactara el ciclón.

«Aunque se advirtió los días previos sobre lo peligrosa que sería la tormenta, muchos no se fiaron de la información y decidieron quedarse», indica, puntualizando que, según sus cálculos, «solo se marchó alrededor del 30 por ciento» de los desplazados rohinyás.

El ciclón Mocha tocó tierra el domingo entre la costa sur de Bangladesh y el oeste de la vecina Birmania, con vientos sostenidos de más de 150 kilómetros por hora, la mayor tormenta que ha sacudido la bahía de Bengala en más de una década.

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