Frente a la catástrofe y la incertidumbre, la empatía se ha convertido en la herramienta más poderosa de reconstrucción. Así lo demuestra Arcoíris de Escombros, una iniciativa ciudadana nacida del deseo de cinco amigos de aportar un «granito de arena» ante la situación que atraviesan La Guaira y Caracas a raíz de los recientes sismos.

La organización enfoca sus esfuerzos en el sector más vulnerable de la crisis: los niños.

«Todo esto nace básicamente del dolor, de la necesidad de aportar. Esta iniciativa se dedica a todos los niños que se sienten solos, tristes y confundidos por toda esta situación», explica Nicole Rodríguez, una de sus fundadoras, detallando que el motor principal del proyecto es transformar el miedo en esperanza a través de la recreación.

Color como terapia frente al desastre

Arcoíris de Escombros tiene en las zonas afectadas una variada agenda de actividades diseñadas para devolverle la sonrisa a los más pequeños. El equipo ofrece jornadas de pintacaritas, animación, recreación, zancos y «muñecones» (personajes animados a gran escala), creando un oasis de normalidad en medio de la emergencia.

Además del entretenimiento, la iniciativa promueve la contención emocional mediante un espacio psicopedagógico donde los niños pueden plasmar y enviar mensajes de aliento a otros pequeños damnificados o afectados por el sismo.

«Queremos dejar huella y decirle a todos esos niños que no están solos, darles nuestro apoyo y que sepan que Venezuela está pensando en todos ellos», enfatiza la fundadora.

Lo que comenzó como una idea de cinco personas ha tomado una fuerza comunitaria sorprendente. En pocos días, la ola de solidaridad ha sumado a su causa a alrededor de 30 voluntarios, entre los que se cuentan animadores, músicos y recreadores, quienes aportan su talento de manera altruista.

La meta de Arcoíris de Escombros no se limita a la atención inmediata de la contingencia en la capital. El equipo ya proyecta expandir la iniciativa a largo plazo, con el objetivo de establecer bases operativas y llevar esta misma red de apoyo directo a los niños de Ciudad Guayana, en el estado Bolívar.

Con la firme convicción de que el arte sana, este grupo de jóvenes demuestra que la solidaridad venezolana se mantiene firme para sostener a quienes más lo necesitan.

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