Houston, Estados Unidos. La transgresora artista plástica colombiana Beatriz González, una de las figuras más destacadas del arte latinoamericano contemporáneo, es objeto de una retrospectiva en el Museo de Bellas Artes de Houston (MFAH) en la que relata la crónica y duelo de su tiempo.

Encuadrada por lo críticos en la generación vanguardista «mujeres radicales» de Latinoamérica, la propia Beatriz González dice aspirar a que con esta exhibición en Houston no la «miren como exótica».

«Estoy mostrando una verdad», explicó González.

Organizada en conjunto con el MFAH y el Museo Pérez de Arte de Miami (PAMM), donde se presentó en abril pasado, la retrospectiva se presenta en orden cronológico, desde mediados de los 60 hasta la actualidad.

Beatriz González «es una de las grandes artistas de América Latina, hoy por hoy quizás la más importante de su generación», declaró a Efe Mari Carmen Ramírez, experta del MFAH y curadora de la muestra junto a Tobias Ostrander, hace poco comisario jefe del PAMM.

La retrospectiva parte de sus primeros óleos, cuando la artista estudiaba Bellas Artes en la Universidad de los Andes en Bogotá, basándose en cuadros de Johannes Vermeer y de Diego Velázquez.

Incluye obras como «Niña Johnson 3» (1965), una serie de tres cuadros de crayón sobre papel que hizo a partir de un recorte de la revista LIFE con el rostro del presidente estadounidense Lyndon B. Johnson y que acopló en el cuerpo de una niña.

Resaltan tres versiones de su célebre obra «Los suicidas del Sisga» (1965), retrato de una pareja de enamorados antes de suicidarse en una represa, publicada por el periódico El Tiempo, y que según reconoce ella misma, supuso una ruptura en su carrera.

Fascinada por las imágenes de la cultura popular colombiana como los íconos religiosos, héroes nacionales, personajes políticos o de la realeza británica, González se apropia de ellas y las reproduce con su particular visión.

En los años setenta empezó a utilizar nuevos soportes distintos al óleo, como en «Naturaleza casi muerta» (1970), una copia de la imagen de un Cristo que difundió la imprenta Gráficas Molinari y que González ensambló en una cama.

Entre sus obras transgresoras se muestran «Telón de boca para un almuerzo» (1975), versión de «El almuerzo sobre la hierba» de Manet; «Botticelli wash and wear» (1976), copia de la «Venus» de Botticelli sobre una extensa toalla; y dos obras ensambladas en una mesa y un tocador: «La última mesa» (1970) y «Peinador Gratia Plena» (1973).

Son obras producto del análisis de la artista en torno a cómo se percibe el arte occidental en el contexto colombiano de la época.

«La imagen es la que dictamina el uso del soporte (…) se convierte en un juego entre la imagen y el objeto», señala Ostrander.

Con la obra «Decoración de Interiores» (1981), donde pintó al entonces presidente colombiano, Julio Cesar Turbay, rodeado de amigos y políticos, en un ambiente festivo ajeno a la crisis del país, la artista mantiene el humor de sus anteriores trabajos aunque se vuelve «más serio y de carácter más político».

La toma del Palacio de Justicia ocurrida en 1985, marcó otro giro en su carrera. Empezó a tratar temas de la realidad nacional, el poder, la corrupción, el dolor y la violencia, como se refleja en «Sr. presidente qué honor estar con usted en este momento histórico» (1987) y «Las Delicias 12» (1997).

«Zulia, Zulia» (2015), una de sus piezas recientes, representa el drama de miles de venezolanos que cruzan a diario la frontera colombo venezolana.

La muestra finaliza con los bocetos de «Auras Anónimas» (2009), siluetas de cargueros llevando cadáveres en bolsas plásticas y que fueron pintados sobre las 9.000 lápidas de los columbarios del Cementerio Central de Bogotá, y que fue objeto de polémica hace dos semanas después de que el alcalde de la ciudad, Enrique Peñalosa, criticó duramente que fueran declarados Patrimonio del Lugar de la nación, lo que impide que el mandatario local construya un parque en ese sitio.

«Lo importante es no olvidar hacer el duelo, si no se hace el duelo, no hay paz. Yo creo que la paz algún día llegará a Colombia», puntualiza González, que dice trabajar ahora sobre el tema de la guerra y la paz, y los restos que quedan de la violencia.

Después de Houston, la exposición irá a la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá.

 EFE

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