
El descontento y la indignación crecen en el municipio Piar. Para los habitantes del sector II de Santo Domingo, en Upata, la cotidianidad se ha convertido en una carrera de obstáculos marcada por el olvido institucional.
Tras más de 15 años de promesas incumplidas por las distintas gestiones municipales, las arterias viales de esta comunidad han involucionado hasta convertirse en intransitables caminos de tierra y piedras.
La situación se torna crítica con la llegada de las lluvias. Al no contar con un sistema de drenaje funcional, las calles se transforman rápidamente en inmensas lagunas donde las aguas pluviales se mezclan de forma peligrosa con los desbordamientos de aguas negras.
«Salir de aquí cuando llueve es una verdadera odisea», relató un transeúnte de la zona, quien prefirió resguardar su identidad. «El olor putrefacto se apodera de todo el ambiente. Además, a los pocos minutos proliferan las moscas, los zancudos y las ratas que emergen de las cañerías colapsadas. Vivimos en un foco permanente de infecciones».
Una crisis que trasciende gestiones
Ángela González, residente afectada de Santo Domingo II, exclama con frustración que el abandono de la comunidad es inocultable. A su juicio, las políticas de los gobiernos de turno en la alcaldía de Piar han condenado a los habitantes a subsistir en condiciones insalubres, vulnerando su derecho a exigir mejoras en los servicios públicos más elementales.
González dirigió una fuerte crítica hacia la actual estructura política regional. Afirmó que durante los casi ocho años de gestión de la anterior alcaldesa, hoy gobernadora del estado Bolívar, las deficiencias en las comunidades no hicieron más que agudizarse. «Muestra de esa mala administración es que las calles de Santo Domingo hoy parecen trochas rurales. Nos obligan a vivir de una manera indigna», sentenció.
Por su parte, Lucía Arteaga coincidió en que el panorama actual no muestra señales de alivio tras el cambio de autoridades locales. «Los upatenses no teníamos nada positivo que decir del gobierno anterior, y ahora mucho menos del actual. Ambos han gobernado detrás de un escritorio; conocen perfectamente los graves problemas que vive la gente en los barrios, pero deciden mirar hacia otro lado», denunció.
El lamento de la Villa del Yocoima
La desesperanza no solo camina por las aceras, también se desplaza sobre dos ruedas. Carlos García transita diariamente en su motocicleta por la calle principal de Santo Domingo para ganarse la vida. Es vendedor de condimentos en la zona comercial de Upata y, ocasionalmente, trabaja como mototaxista. Como hijo de migrantes del estado Sucre que llegaron hace décadas a la Villa del Yocoima con la ilusión de prosperar, García mira con dolor el presente de su tierra.
“Tengo 50 años y veo que Upata no progresa; todo está completamente estancado. La gente padece demasiado en las comunidades. En algunos barrios llega el agua por tuberías y en otros no; las calles que alguna vez estuvieron pavimentadas ahora son de tierra y están llenas de huecos. Lo más triste es que, después de haber tenido una red moderna de aguas negras, hemos tenido que regresar al uso de pozos sépticos”, relató con nostalgia. A pesar de la dura realidad, García confiesa que mantiene la fe en que el país logre un cambio positivo.
Un colapso multifactorial
El calvario de Santo Domingo II no concluye con el deterioro de sus vías. Los vecinos reportaron que el sector sufre por un desabastecimiento crónico de agua potable, mientras que el fluido eléctrico presenta fluctuaciones y apagones constantes que ponen en riesgo los pocos electrodomésticos de las familias. A este escenario se le suma la falta de desmalezamiento; la maleza alta se ha apoderado de los espacios públicos y de los bordes de las aceras, sirviendo de guarida para la delincuencia y alimañas.
Ante este panorama de abandono generalizado, la comunidad de Santo Domingo II exige de manera unánime un plan integral de contingencia y saneamiento que involucre tanto a las cuadrillas municipales como a las empresas de servicios públicos, antes de que las epidemias o el aislamiento vial aíslen por completo a este sector upatense.
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