
Las intensas precipitaciones acompañadas de tormentas eléctricas registradas en Caracas y zonas del estado Miranda volvieron a golpear con fuerza a las comunidades vulnerables, afectando de manera directa a las familias que perdieron sus hogares tras el doble terremoto del pasado 24 de junio.
La fragilidad de los campamentos improvisados quedó al descubierto con el colapso de múltiples toldos y estructuras provisionales, dejando a decenas de damnificados expuestos a la intemperie en medio de fallas en el suministro eléctrico.
La situación resulta crítica en la Misión Vivienda OPP-10, ubicada en la parroquia Santa Rosalía, al centro de la capital, donde unas 115 familias pernoctan en carpas debido a que sus apartamentos quedaron totalmente inhabitables.
De acuerdo a la denuncia del periodista y activista comunitario Carlos Julio Rojas a través de redes sociales, el agua destruyó parte de la logística del refugio, afectando gravemente a niños, personas con discapacidad y adultos mayores que no cuentan con un techo seguro.
El deterioro de estos asentamientos temporales también se replicó al norte de la ciudad, específicamente en el Bulevar Panteón y sus zonas adyacentes.
Asimismo, reportes locales confirmaron que las ráfagas de viento y el volumen de lluvia destrozaron los toldos instalados en la vía pública, inundando colchones, ropa, alimentos y enseres básicos.
Ante la falta de respuesta inmediata, las familias se vieron obligadas a resguardarse bajo aleros y estructuras inestables, reiterando su llamado a las autoridades para exigir reubicaciones dignas y una solución habitacional definitiva.
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