
La Milagrosa es una comunidad que creció entre promesas políticas que aún no se concretan. Hoy en día, sus calles principales están llenas de huecos, el asfalto se ha pulverizado por el abandono y la maleza se abre paso en las vías de acceso de este sector del municipio Piar, en Upata, dificultando la calidad de vida de sus habitantes.
“Perdimos las esperanzas. Ya no les creemos a los que se postulan a los curules de la concejalía ni a la Alcaldía; mucho menos a aquellos que se venden como la gran solución y prometen resolver los problemas. Nos cansamos de verlos solo en periodos de elecciones, porque después que ganan se olvidan de los electores”, manifestó Gabriela, una vecina que diariamente debe ingeniárselas para conseguir agua potable para sus hijos.
La irregularidad en el suministro es una constante. Según relatan los residentes, el cronograma de distribución es impredecible. “Algunas veces tenemos agua una vez a la semana, otras veces pasamos más de dos y hasta tres semanas secos”, comentó un transeúnte, quien aseguró que esta problemática se replica en casi todas las comunidades de Upata.
Calles que se transforman en lagunas
A la escasez del servicio de agua por tuberías se suma el malestar que traen las lluvias. Cuando caen fuertes aguaceros, las calles se anegan rápidamente debido a que no existen drenajes, provocando que el agua se estanque y forme grandes lagunas que bloquean el paso.
Aunque todavía se aprecian las aceras y brocales de lo que alguna vez fue una planificación urbana, el asfalto ha desaparecido casi por completo. Las vías se han convertido en caminos de tierra y piedras que dañan los vehículos y complican el tránsito automotor.
“En gestiones anteriores no hubo un plan real de pavimentación para las comunidades, y tampoco vemos que la administración actual tenga interés en recuperar las calles de los barrios de esta ciudad”, reclamó un comerciante de la zona.
Declive de los servicios y el caos del transporte
A pesar del panorama, los habitantes de La Milagrosa comentan, entre la ironía y la fe, que esperan que ocurra «un milagro» en el vecindario. “Tenemos la esperanza de que más temprano que tarde llegue a la alcaldía de Piar una persona a la que de verdad le duela este municipio y su gente”, exclamó un vecino.
La crisis, afirman los lugareños, no se limita a las barriadas; el propio centro de Upata muestra signos de decadencia. Uno de los puntos más críticos es el transporte público, calificado por los usuarios como un caos.
Denuncian que los transportistas aumentan el pasaje de forma constante y arbitraria, sin respetar las tarifas establecidas por el Gobierno nacional, y aseguran que el ayuntamiento no ejerce ningún tipo de fiscalización para frenar los abusos contra los pasajeros.
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