Se llama Candy, y es muestra fiel de una base firme en la que sus padres sembraron amor pleno, sabiduría, acompañamiento, una infancia comparada con el trabajo de un agricultor que prepara el suelo eliminando malezas, garantizando agua y nutrientes para hacer del roble una obra digna de Dios.
 
Resumir una vida en un par de cuartillas es un poco difícil, pero haremos un discreto intento y empezaremos por el principio de toda historia; la infancia. Sus primeros años fueron como todo niño merece vivirla; felicidad, compañía, amor, amistad, un universo que se confabuló para hacer el milagro de una vida plena.
 
Agradecida con Dios, recuerda con brillantina en el aire las fechas más felices de todo el año, la navidad. Califica como gratificantes esos momentos cada año en los que quitaba las envolturas de las cajas y descubre al Bebe Querido, la muñeca Barbie, y todo cuando se ganaba por haber sido una niña buena y fundamentosa los meses anteriores.
 

Aunque no era muy extrovertida y su carácter era bastante tranquilo, cuenta Candy que su familia de primos abundantes la ayudaron a crear un perfil idóneo para tener muchos amigos. Esto también la motivó a desenvolverse con soltura para cantar o bailar dentro y fuera del recinto escolar.

En su hogar nunca sobró nada, pero tampoco faltó y en la unidad que reinaba se incluyen los abuelos maternos.

 
Su pilar de vida la disciplina
 
Estudió en el colegio Santo Domingo de Guzmán, Hermanas Domínicas; ¿que si fue buena estudiante? ¡Oh sí! Su entrega y disciplina en cuestiones de estudios la catapultaron con elegancia a un futuro brillante y promisorio.
 
Escucharla narrar su historia de vida es como estar en un auditorio y ver una clase con el mejor profesional de la comunicación de emociones y sentimientos. Candy se destacó en Oratoria y Castellano en el colegio; esto lo reforzó más adelante al estudiar locución – UCV, además es experta en audio forense y en comunicación efectiva y estratégica.
 

Su voz se pasea de la manera más sutil y precisa por cada palabra pronunciada, acompañada de la entonación exacta con su tiempo perfecto; ataraxia, literal.

“Los médicos son los ángeles que Dios puso en la Tierra”

Su sueño de grande era ser doctora; tenía sus propias salas de operaciones y accesorios como toda una profesional de la salud. Para ella “Los médicos son ángeles que Dios puso en la Tierra”.
 
Sentía una admiración especial por los médicos con los que tuvo contacto desde niña. Estuvo en una academia desde los 7 hasta los 12 años y “el ídolo de todas las generaciones”, Guillermo Dávila, le dio clases de guitarra.
 
Pero Candy no estudió ni para ser doctora, ni comunicadora social, ni terapista. A los 15 o 16 años cuando las universidades llegaron al colegio para las oportunas informaciones de las carreras y profesiones, se abrió un panorama que causó en ella una explosión y supo en ese momento que quería ser abogada.
 
“Siempre tuve las ganas y el empuje de servir a la humanidad y a las personas sin distinción. Mi carrera me da la capacidad de hacer justicia”.
 
 Quiso combinar esta profesión con la psicología por la misma necesidad de entender al individuo y sus maneras, ayudar en muchos aspectos, pero se fue por la psicopedagogía para acercarse a los niños y abordar desde el principio.
 
Es además Técnico Superior Universitario de Seguros, estudió Riesgos y Seguros, tiene Master y diplomado en la Universidad de Valencia en Derecho Inmobiliario y Condominial, Derecho Sucesoral y de familia., CRP Internacional, es decir, es instructora de Frecuencia en el Círculo de Realización Personal, estudia para consteladora familiar, tiene un master en Derecho Tributario y de Familia, adicionando a su haber profesional estudios y experiencia en el área Civil y Mercantil como abogado.
 
Entre sus reconocimientos posee un Mara de platino año 2018, mención especial 2020 por excelente trayectoria como locutora y conductora internacional de televisión.
 
“Mis padres, mis columnas de vida; mis amigos, la familia elegida”
 
La motivación para todo esto fueron sus padres y sus abuelos, definitivamente un amor inmarcesible. “Como inmigrantes aprendí de ellos la lucha entera, el espíritu de superación y el amor a la patria, esa que recibe con los brazos abiertos”. A Venezuela la ama con locura.
 

Centrada y con mucha madurez califica a los amigos como la familia que seleccionamos en el mundo terrenal. “Creo no solo en los valores que llevan a una real comunicación, sin toxicidad, ni contaminantes. Me mantengo en contacto con amigas del colegio, si tardamos en vernos, simplemente las anécdotas continúan en el punto y aparte donde quedaron”.

“Querer ser abogada fue un impulso desde lo más profundo de mi corazón”

La inspiración que más la describe como persona es servir, ayudar a solucionar situaciones en las que descansa su capacidad de hacer justicia y esta carrera enriquecedora y humana se lo permite con libertad.
 
En sus primeras experiencias tuvo la dicha de disfrutar de las enseñanzas de una profesora penalista quien aplicaba evaluaciones presenciales que consistían en visitar tribunales para lograr esos primeros contactos con personas privadas de libertad. Es allí cuando ve en carne propia una realidad dura. “Entendí que estuve en una burbuja de cristal, en un mundo irreal que me mostraba mi familia por protegerme”.
 
Entiende, además, desde su perspectiva actual que en este país se necesitan instrumentos legales que se adecúen a la sociedad y a la política.
 
“Llama a mi hijo y dile que lo amo”
Verlos dormir, comer, vivir en las cárceles fueron experiencias que la conectaron con la esencia de cada individuo. “Hagan lo que hagan o sean lo que sean, los vi llorar, me entregaban papelitos con números de teléfonos y nombres. Me decían llama a mi hijo y dile que lo amo”.
 
Lejos de marcarla o frustrarla cargó en ella energías por ser mejor persona, mejor profesional, afinó la conexión por servir a la humanidad.
 
Para todo hay tiempo
 
Para todo hay tiempo y eso lo sabemos de sobra. Ya con el título de abogada, al año contrae nupcias, es madre de dos hermosas, independientes y proactivas hijas, Andrea y Gabriela.
 
Tuvo la iniciativa de instalar una escuela para padres y una fundación. Eso le daba tiempo para visitar a los ancianatos, hospitales, hacer visitas a La Planta y llevarles algo de amor convertido en música, comida o simplemente compañía.
 
El final de su formación académica como abogada se centró en un trabajo que, -aun cuando no ejerció penal o no de manera directa- tuvo que ver con una situación que afecta a países de Latinoamérica y Venezuela; el privado de libertad no se le otorga la posibilidad de regenerarse. La teoría central del tema era que lejos de corregir comportamientos incorrectos con el encierro, esto fomenta la intoxicación, el maltrato y la perdición.
 

En estos recintos no tratan a las personas con la profundidad que merecen, atención con psiquiatras, psicólogos, restaurar sus emociones, etc. “Esto no ocurre solamente en Venezuela, son muchas las naciones que no cuentan con espacios que apoyen a estas personas para no reincidir, darles la oportunidad de trabajar, hacer deporte, algo provechoso mientras cumplen sus penas”.

Su enamorado silencioso

Quien es su esposo actualmente, Raymond Orta, en la época universitaria para ella era solo un compañero de estudios. No lo veía con ojos de amor en ese momento, pero él sí sabía cuáles eran sus lugares favoritos para leer libros o estudiar, las horas de entrada o salida o su manera peculiar de caminar o atarse el cabello. (Detalles más, detalles menos que sólo las observa un enamorado desde la distancia).
 
Pero la vida y los tiempos de Dios son perfectos, pues, al cabo de unos 22 años pone en su camino profesional al destacado y reconocido abogado y experto grafo técnico, Raymond. Ambos ya habían experimentado un primer matrimonio y tenían sus respectivos hijos. “Ahí lo reconocí como un ser humano espectacular, me enamoré y a los dos años nos casamos. Doy gracias a Dios porque nos amamos infinitamente”.
 
Una majestuosa mujer que lucha sensiblemente por otros 

“Palabra final marcó un antes y un después en mi vida”
Candy había asistido a muchas entrevistas, había tenido convocatorias a varios canales y había grabado micros para producción independiente. Pero llega a su vida la propuesta de Venevisión Plus en cuya entrevista demuestra disciplina y profesionalismo, transmitiendo su estampa con pasión; Palabra Final.
 
En ese justo momento comienza a ser reconocida con mucha efusividad en otros países como la Doctora Herrera. Fue un giro profesional importante y algunos casos tocaban temas trascendentales de sensibilización. “Cuando toca tomar decisiones relevantes en la vida de otro ser humano el compromiso y la responsabilidad es muy grande”.
 
Actualmente resuelve casos, trabaja desde su propio bufete, implementa esquemas con el apoyo de un equipo multidisciplinario que le acompaña cada día, pero sin dejar de estudiar.
En la pausa de las temporadas de Palabra Final tiene sus espacios en las redes sociales para prestar apoyo, con “Cuéntale tu caso a la Doctora Herrera” desde YouTube. Por allí han pasado artistas de televisión y profesionales en diversas áreas para desarrollar puntos sociales importantes, el confinamiento y la afectación de la parte psicológica, la negación, la soberbia, y el personal médico casi en la indefensión.
 
Además, incluye oportunas explicaciones de temas relacionados con decretos presidenciales en el marco de la pandemia.
 
¿Anécdotas?
 
Infinitas, tanto en lo personal como en lo profesional y laboral. En la parte universitaria era tan buena estudiante que reforzaba en casa lo escuchado en clase, pero no de forma convencional, o con repasos, no.
 
En la etapa universitaria su dedicación y amor por los estudios la motivaron a grabar las clases y al llegar a casa volvía a escucharlas todas para pasarlas a sus cuadernos, impecables, ordenados, con todo en su justo lugar. A eso le llamamos disciplina envidiable; disciplina de la buena, tan era así, que ese material impoluto servía de guía para sus compañeros.
 
En lo laboral; en una oportunidad en una notaría una señora le agradeció infinitamente por haberle salvado la vida, pues, en uno de los programas Candy al comenzar a hablar fue ese instrumento de Dios que la ayudó a librarse de pensamientos suicidas. “Cuando alguien te dice que le salvaste la vida a través de un programa de tv, y no estamos conscientes de eso, es algo sublime, maravilloso”.
 
En lo personal un episodio desconsolador fue perder a su padre, el ser más importante de su vida, junto a su madre. Fue una prueba que supo lidiar por su entereza y valentía, logró combinar responsabilidades con ese duro momento. Aunque tuvo un día de permiso y contó con la compañía de su equipo de trabajo, al día siguiente tuvo que buscar las cenizas de su padre y volver al canal para continuar grabaciones. En las pausas era el espacio del camerino que le servía de abrazo para llorar, respirar y volver a salir. “La muerte no existe, lo sigo llevando en mi corazón”
 
“No descanso. Tengo en mente un proyecto con miras a seguir con un programa en Estados Unidos, probablemente. El ideal es a nivel de plataformas, un crossover para llegar a Latinoamérica desde Latinoamérica. Es mi norte”
 
Otro proyecto en mente -del que no dio mayores detalles por aquello de no dispersar energías hasta su concreción-, es Mujeres integradas. Una ventana para hacer entender que con la unidad y sin rencillas se puede salir adelante. Se contarán historias, desde lo mejor y lo peor que han vivido y cómo lograron superarlos. Este sería el comienzo de una serie que ampliará los objetivos, todo por eliminar frustraciones, agresiones y siguiendo el camino de creer en un mundo mejor.
 
“Ser abogado es mi pasión. Con el fallecimiento de mi padre hace 4 años tuve que seguir con mi vida porque me dije que el show debe continuar, aun cuando fue el día más triste. Al salir a trabajar lo estoy honrando”. 
 
La vida de esta majestuosa mujer y sus episodios de amor por defender a la humanidad llevará impresa siempre la frase con la que cierra los programas televisivos, “vamos a un corte comercial y ya regresamos con más”, porque ella misma lo dijo, “no descanso, no paro”.