Pekín.- Contrarrestar las críticas y ganar la guerra de narrativas contra Estados Unidos y sus aliados es la última consigna del presidente chino, Xi Jinping, que esta semana pidió esfuerzos a nivel interno para que Pekín mejore su capacidad de influencia y proyecte una voz «acorde a su fuerza y estatus global».

«Es indispensable desarrollar una voz en el discurso internacional que coincida con la fortaleza nacional y el estatus global de China», dijo Xi este lunes en una sesión del Politburó del Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh), del que es secretario general, informó anoche la agencia oficial Xinhua.

Xi señaló que el país asiático debe construir «un relato propio» y «usar nuevos conceptos y expresiones para contar mejor las historias sobre China y la fuerza espiritual detrás de las mismas».

«Hay que ayudar a las audiencias extranjeras a comprender que el PCCh no persigue otra cosa que el bienestar del pueblo chino», dijo.

Sus declaraciones llegan en un momento en que el país se enfrenta a tensiones en varios ámbitos con Occidente y busca justificar su política diplomática asertiva, coinciden varios analistas.

«Estas reflexiones tienen más que ver con el tono que debe emplear China en sus intervenciones que con los comportamientos que hayan podido haber causado preocupación», indica a Efe el analista Tong Zhao, del centro de estudios Carnegie-Tsinghua.

«China cree firmemente – agrega Tong – que su comportamiento es impecable y que solo tiene que ajustar el tono. Pero creer eso no aborda la brecha de percepciones con muchos otros países».

El problema resultante, comenta el experto Wu Qiang al periódico South China Morning Post, es que China está atravesando «el peor aislamiento internacional desde la década de 1970».

Según interpreta Wu, Xi cree que la opinión mundial sobre China no es satisfactoria, aunque considera ingenuo esperar que los medios (locales) puedan cambiar cómo se la percibe en el mundo.

Mario Esteban, del Real Instituto Elcano, apunta a Efe que la narrativa china está más dirigida a la audiencia doméstica que a la internacional, y de ahí que sea más difícil que encuentre acomodo en el extranjero.

«Todo está muy politizado y cada vez lo va a estar más. En China el control político es mucho mayor que en otros países y no hay que perder eso de vista. Y hay una preocupación por la creciente influencia de China dados sus esfuerzos para condicionar a otros países», afirma.

UNA NARRATIVA PROPIA

Xi incidió en que «China promueve el multilateralismo y se opone al hegemonismo», en implícita referencia a Estados Unidos, para «construir un orden internacional más justo y equitativo».

Las relaciones entre los dos países se deterioraron durante la era del expresidente Donald Trump (2017-2021), con colisiones en planos como el comercial, el diplomático o el tecnológico y, ya con Joe Biden en la Casa Blanca, la tensión se ha reavivado a raíz de las recientes presiones de Washington para investigar el origen de la pandemia.

El politólogo Gu Su cree que las declaraciones de Xi responden a Biden, quien también aseguró que Washington busca «liderar el mundo con sus valores», mientras que el académico Zhang Weiwei opina que «mandan el mensaje de que China tiene que enfatizar sus logros».

«China ha controlado con éxito la pandemia, y el mal desempeño de Occidente demuestra que la narrativa liberal occidental no puede prevalecer. Estamos en un periodo de transición», dice este experto al rotativo nacionalista Global Times.

EXPULSIONES DE CORRESPONSALES

China ha pasado a la acción contra lo que considera narrativas «sesgadas»: por ejemplo, las autoridades bloquearon en febrero las emisiones en su país del canal británico BBC World News por «ir contra los requisitos de imparcialidad y veracidad» a raíz de informaciones sobre la pandemia o por denunciar violaciones de los derechos humanos en la región noroccidental de Xinjiang.

Esa decisión llegó después de que el regulador de medios británico anunciara que retiraría a la cadena China Global Television Network (CGTN) su licencia para emitir en el Reino Unido.

Pekín también ha tomado represalias contra medios de comunicación estadounidenses y australianos con personal en China en el marco de las fricciones: en 2020 Pekín canceló acreditaciones de prensa de estos países y se negó a renovar visados, lo que causó «la mayor expulsión de periodistas» en más de tres décadas, según el Club de Corresponsales Extranjeros en China.

Entre otras razones, Pekín dijo que estas medidas fueron una respuesta a «la represión y la estigmatización a la que se enfrenta la prensa china y su personal en EEUU», después de que Washington obligara a medios del país asiático a registrarse como misiones diplomáticas por hacer «propaganda» del PCCh.

EEUU estableció también restricciones a los visados de corresponsales chinos, algunos de los cuales fueron expulsados.

Tampoco sus relaciones con la Unión Europea atraviesan su mejor momento después de que Bruselas congelara la aplicación de un acuerdo de inversiones bilateral cerrado el pasado diciembre.

Los lazos se agriaron en marzo, cuando Bruselas impuso sanciones contra cuatro altos funcionarios chinos por las supuestas violaciones en Xinjiang, asunto que, al igual que lo relativo a Hong Kong, Pekín considera «interno» y que ha marcado como línea roja que los demás no deben cruzar.

Jesús Centeno EFE

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