Vecinos denuncian que el bote de agua ya tiene mucho tiempo y ha ido rompiendo el asfalto de la avenida. Foto: Níger Martínez

Miles de litros de agua tratada se pierden a diario en la avenida Castillito de Puerto Ordaz, a un lado del antiguo Centro Comercial Supersónico y a escasos metros del acceso al sector Puerto Libre, en la parroquia Cachamay.

La torrentera del recurso vital emana de una tanquilla, aparentemente por una tubería rota que lleva más de un mes expulsando líquido. El flujo baja por toda la arteria vial hasta desembocar en una inmensa cárcava ubicada junto al comando de la Guardia Nacional.

Además del imperdonable desperdicio, el agua erosionó parte del asfaltado. Adjudicatarios de los puestos de comida del mercado municipal de Puerto Ordaz aseguran haber reportado la fuga reiteradamente mediante la VenApp e Hidrobolívar; sin embargo, no han recibido respuesta.

Asimismo, en la calle Guasipati, cruce con la carrera Tumeremo, persisten varios tubos rotos. El agua corre libremente por ambos sentidos causando graves destrozos al pavimento las 24 horas del día, sin que ninguna autoridad contenga el derrame.

Socavamiento junto al estadio de Ferrominera

En la misma calle Guasipati, adyacente al complejo deportivo de Ferrominera Orinoco y al colegio Diego de Ordaz, se formó un inmenso hueco que socava el subsuelo y se extiende hacia el estadio. La tubería subterránea del sistema de drenaje pluvial se agrietó y, al llover, se convierte en un surtidor que anega la carretera.

Años atrás, esta red pluvial ya había colapsado, originando una falla estructural que tardó años en ser reparada. La cárcava representa un peligro inminente para los estudiantes, especialmente en la zona donde se estacionan los autobuses de transporte escolar.

Colapso de cloacas en la calle Maripa

Por otra parte, aguas servidas recorren la calle Maripa y bajan por la carrera Piar hasta estancarse al lado del edificio Efra. La maleza ha tomado esta vía que conduce a antiguos locales de repuestos.

La falla en una boca de visita provocó el deterioro del asfalto y genera malos olores insoportables. Carlos Guerra denunció que la desidia atrae inseguridad, pues los inmuebles abandonados han sido desmantelados por indigentes y consumidores de drogas.

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