Colombia elige presidente hoy domingo entre el ultraderechista Abelardo de la Espriella, apoyado por Donald Trump, y el izquierdista Iván Cepeda, candidato del oficialismo, en una votación que enfrenta dos modelos opuestos del país en economía y seguridad y puede marcar un giro abrupto en la diplomacia de una nación clave en la postura de la región frente a Estados Unidos.

El abogado De la Espriella, de 47 años, con una promesa de orden y mano dura especialmente frente a la violencia de grupos criminales armados, dio la sorpresa hace tres semanas cuando lideró la votación de la primera vuelta con el 43,7 % y casi tres puntos de ventaja, desbaratando toda expectativa de algunos sectores del Pacto Histórico que se proyectaban ganadores sin balotaje.

El senador Cepeda, de 63, trató de cambiar el tono de su campaña para remontar la carrera, aunque siguió bajo la sombra del presidente Gustavo Petro, quien en agosto concluirá su mandato como primer gobierno de corte progresista en la historia moderna de Colombia. En un escenario ya complicado, el mandatario no reconoció el conteo de la primera vuelta y hay expectativa sobre cómo reaccionará a los resultados de este domingo.

“Hay dos visiones de país que claramente están encontradas”, dijo a CNN la politóloga Karol Solís Menco, docente de la Universidad del Norte. “De una parte (Cepeda), una visión que tiene una apuesta social más intensa, buscando caminos dialogados en la consecución de la paz frente a los grupos armados, una mirada más pacifista de cómo llegar a esa solución. Por otra (De la Espriella), un descontento generalizado, una visión reaccionaria a cómo fueron estos cuatro años (…). Una mirada guerrerista, un enfoque militarizado, masculinizado de la política”, comentó.

En el debate entre continuidad y cambio, con una evaluación sobre el legado de Petro, Solís señaló que los ajustes realizados por la campaña de Cepeda, como los cambios a la controvertida política de “paz total” del presidente y la desmarcación del proyecto de una Asamblea Constituyente, podrían haber llegado muy tarde ante el avance del autodenominado “Tigre”.

“Hay dos visiones de país que claramente están encontradas”, dijo a CNN la politóloga Karol Solís Menco, docente de la Universidad del Norte. “De una parte (Cepeda), una visión que tiene una apuesta social más intensa, buscando caminos dialogados en la consecución de la paz frente a los grupos armados, una mirada más pacifista de cómo llegar a esa solución. Por otra (De la Espriella), un descontento generalizado, una visión reaccionaria a cómo fueron estos cuatro años (…). Una mirada guerrerista, un enfoque militarizado, masculinizado de la política”, comentó.

En el debate entre continuidad y cambio, con una evaluación sobre el legado de Petro, Solís señaló que los ajustes realizados por la campaña de Cepeda, como los cambios a la controvertida política de “paz total” del presidente y la desmarcación del proyecto de una Asamblea Constituyente, podrían haber llegado muy tarde ante el avance del autodenominado “Tigre”.

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