París, Francia.  La Alta Costura, la rama más prestigiosa de la moda, presenta sus colecciones primavera-verano 2021 a partir de este lunes en París con una treintena de desfiles virtuales, retransmitidos en redes, con el difícil objetivo de crear sueños y fantasía en un difícil contexto mundial.

Este lunes será el turno de Schiaparelli, Iris van Herpen, Christian Dior y Giambattista Valli; el martes desfilarán Chanel y Valentino y creadores como Alexis Mabille y Julien Fournié; el miércoles será el turno de Marti Margiela y Fendi Couture antes de cerrar el jueves con Aelis y Raul Mishra, entre otros.

La preocupación en Francia por la expansión del coronavirus mantiene las restricciones de aforo y reunión de público, lo que ha obligado a las marcas a organizarse para mostrar sus colecciones exclusivamente en línea.

Así ha sucedido también durante las presentaciones prêt-à-porter de moda hombre esta semana, que ha dado buenas señales de cómo algunas marcas logran adaptarse a la complicada situación.

Esta semana será la ocasión de descubrir el trabajo del diseñador británico Kim Jones al frente de Fendi Couture, especialista en piel, y de ver el regreso a la moda del israelí Alber Elbaz, antiguo diseñador estrella de Lanvin, ahora al frente de AZ Factory y que presentará su propuesta el martes por la noche.

Más allá de las oportunidades que abre el mundo virtual, la salida de este calendario del libanés Elie Saab, una de las citas ineludibles de esta pasarela, ha recordado el difícil momento que viven muchas casas.

Saab ha anunciado que pospondrá la presentación de su colección Alta Costura primavera-verano 2021, ya que el aumento de casos del coronavirus en Líbano complicaba toda la logística de la grabación de la línea.

UNA ETIQUETA DIFÍCIL DE OBTENER

La etiqueta de Alta Costura es como una denominación de origen, no todas las «maisons» pueden presumir de formar parte y solo la Cámara Sindical de la Federación de la Alta Costura y la Moda puede elegir a sus miembros cuando se cumplen ciertos requisitos.

Entre ellos tener un «atelier» en París con un mínimo de 20 trabajadores, realizar las prendas a mano y a medida y crear dos colecciones anuales.

El sector, que tiene unos beneficios muy limitados pues estas colecciones se dirigen a menos de un millar de personas en todo el mundo, lo que ha llevado a numerosas marcas desde los años 80 a abandonar y centrarse en el prêt-à-proter, se mantiene gracias a pequeños diseñadores y a la voluntad de grandes marcas de defender esta insignia.

Los nuevos clientes de economías emergentes, como China, están dando un respiro a la costura, que en los últimos años ha visto una revitalización del sector y la llegada de nuevas firmas, obligando a la Federación a ampliar el calendario de presentaciones de tres a cuatro días.

Aunque ya eran muchas las marcas que retransmitían sus desfiles en sus cuentas de redes sociales, ahora todas se ven obligadas a hacerlo, lo que al mismo tiempo acerca a cualquier aficionado de la industria a las colecciones, al mismo nivel que compradores, famosos y periodistas.

Más que nunca, la Alta Costura debe cumplir ahora el reto de mantener su aura de ensoñación y despertar la fantasía del público, en un año marcado por los confinamientos y las restricciones sociales y con apenas alfombras rojas en las que utilizar a las actrices como reclamo de sus creaciones.

Pero a su vez la caída de las ventas otorga a los diseñadores una mayor libertad creativa y pone a prueba el desafío que es la moda: imaginar la ropa del futuro, uno un poco más lejano que el actual, que sólo invita a la población mundial a quedarse en pijama en sus casas todas las tardes.

Por su parte, la Federación parece sentirse satisfecha con los retos que ha superado este año liderado una transformación digital rápida y forzada.

«Los creadores de moda y directores artísticos han integrado aún más el potencial del mundo digital y han ampliado sus colaboraciones con cineastas y actores de la escena creativa digital», dijo este sábado el presidente de la Federación, Pascal Morand, en la emisora France Info.

Según Morand, la difusión en línea de sus vídeos ha fomentado el eco de los desfiles y ha permitido recurrir a una creatividad que «perdurará cuando volvamos en presencial».

EFE noticias