Moscú.- Las conversaciones entre el ministro de Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, y su homóloga británica, Liz Truss, en Moscú acabaron convirtiéndose ese jueves en un «diálogo de sordos», sin que las partes lograran acercar posturas con respecto a la escalada de la tensión en torno a Ucrania.

«Parece que nos oímos, pero no nos escuchamos», dijo el jefe de la diplomacia rusa tras reunirse con Truss en alusión a las diferencias entre las partes, que quedaron patentes también en el curso de la conferencia de prensa conjunta.

Lavrov y Truss se reunieron durante casi dos horas en lo que ha sido la primera visita a Rusia desde 2017 de un ministro de Exteriores del Reino Unido.

La última visita la hizo el actual primer ministro británico, Boris Johnson, entonces en el cargo que hoy ocupa Truss, pero las relaciones bilaterales se deterioraron poco después hasta su punto más bajo, inicialmente a raíz del envenenamiento en 2018 del exagente ruso Serguéi Skripal.

Tanto al inicio de la reunión, como después, las declaraciones de ambos ministros y el lenguaje no verbal dejaron de manifiesto la profundidad de las diferencias que separan a Moscú y Londres.

SIN ACERCAR POSTURAS

Lavrov señaló que no se han observado puntos de aproximación con su colega británica, pero confió en que la reunión haya servido al menos para que Occidente comprendiera mejor las preocupaciones rusas.

«Nosotros no amenazamos a nadie, miren las declaraciones públicas, no hay ni una sola amenaza. Los amenazados somos nosotros», insistió Lavrov.

Según el ministro ruso, durante la reunión escuchó palabras sobre una «agresión» contra Ucrania y las consecuencias que tendría.

«¿Pero a qué agresión se refieren? ¿Cuándo ha comenzado?», preguntó Lavrov, al repetir en varias ocasiones que las tropas rusas cerca de la frontera con Ucrania se encuentran en su territorio.

Lavrov lamentó asimismo que Londres repitiera la exigencia de que Rusia repliegue las tropas de su propio territorio.

Mientras, Truss aseguró que sí escuchó a su contraparte, a la vez que «dejó clara» la postura del Reino Unido con respecto a la crisis ucraniana y el derecho de ese país a decidir su futuro, en referencia a las aspiraciones euroatlánticas de Kiev a las que se opone Moscú.

LAS MANIOBRAS NO SON AMENAZA

En cuanto a la alarma que han generado en Occidente las maniobras conjuntas ruso-bielorrusas, que comienzan este jueves y se prolongarán diez días, Lavrov rechazó que representen una amenaza para los países vecinos y aseguró que las tropas volverán a sus bases a su término.

Lavrov calificó de «drama» que cada día recuerda más a una «comedia» la reacción occidental a las maniobras «Determinación aliada-2022», que comenzaron hoy en varios polígonos militares bielorrusos, algunos junto a la frontera con Ucrania.

«Dentro de algún tiempo los países occidentales sabrán que los ejercicios terminaron y las tropas regresarán a territorio ruso. Entonces, se armará un gran ruido para afirmar que Occidente arrancó de Rusia una desescalada, aunque en realidad es vender humo», afirmó.

Mientras, aseveró, a diferencia de los ejercicios rusos, tras lo que los soldados regresan a sus habituales lugares de emplazamiento, las tropas que Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá envían a los países bálticos y otros países bañados por el mar Negro, no lo hacen.

LONDRES QUIERE HECHOS, NO PALABRAS

Las palabras de Lavrov no le convencieron a Truss, quien no dudó en dejar de manifiesto el desacuerdo entre Moscú y Londres, y subrayó que la parte británica necesita pruebas de la disposición de Rusia a contribuir a una desescalada en la región.

Truss señaló que durante las conversaciones Lavrov le dijo que Rusia no tiene planes de invadir Ucrania, pero subrayó que el Reino Unido quiere que Moscú lo confirme con «acciones reales», es decir, con la retirada de más de 100.000 soldados y armamento pesado en la frontera con Ucrania.

Con todo, la ministra británica señaló que la Unión Europea (UE) y la OTAN deben estar preparados para «cualquier escenario» y seguir prestando ayuda a Ucrania para aumentar su capacidad defensiva.

«Si hay una invasión de Ucrania, no será rápida, dará lugar a un prolongado conflicto, que causará un daño sustancial no solo al pueblo ucraniano, sino también al pueblo ruso y será un golpe para la seguridad europea en general», advirtió la ministra.

Por ello, agregó, hay que evitarlo «a toda costa» sin olvidar en ningún momento que «Ucrania es un país soberano que toma las decisiones por cuenta propia sobre si debe adherirse a la OTAN o no».

«Tenemos que seguir trabajando con Rusia para lograr avances en las negociaciones con la OTAN, pero no podemos hacerlo a precio de la integridad territorial y la soberanía de Ucrania o sacrificando la política de las puertas abiertas de la Alianza», afirmó.

 

Anush Janbabián EFE