Investigadores de la Universidad de Stanford en Estados Unidos anunciaron recientemente un avance sin precedentes: la creación exitosa de virus completamente nuevos y funcionales mediante inteligencia artificial. Por primera vez en la historia de la ciencia, herramientas generativas lograron diseñar genomas virales enteros con la capacidad de replicarse dentro de células vivas e infectar bacterias específicas, abriendo la puerta a una nueva era en la medicina biomédica.

El experimento se llevó a cabo en los laboratorios de la institución estadounidense mediante el uso de dos modelos genómicos avanzados llamados Evo1 y Evo2. Esta tecnología opera de forma equivalente a los grandes modelos de lenguaje textual, pero en lugar de predecir palabras, interpreta el código biológico. Para llegar a este resultado, las herramientas de inteligencia artificial se entrenaron previamente con secuencias genéticas pertenecientes a virus, bacterias, plantas y personas, aprendiendo así la estructura y las reglas del diseño evolutivo.

​Posteriormente, los algoritmos se ajustaron para generar únicamente bacteriófagos, un tipo de virus que destruye bacterias sin representar una amenaza para el ser humano. De un catálogo inicial de 302 diseños digitales prometedores, los científicos los sintetizaron físicamente y los colocaron en placas de Petri junto con cultivos bacterianos. El análisis de laboratorio confirmó que 16 de estos fagos lograban disolver de forma efectiva a la bacteria E. coli.

​Este desarrollo nace del empleo de algoritmos para descubrir nuevos antibióticos; sin embargo, diseñar un genoma viral completo y viable desde cero requirió un nivel de complejidad técnica muy superior. Ante los riesgos de bioseguridad planteados por expertos internacionales sobre la posible creación maliciosa de enfermedades, el equipo investigador tomó precauciones estrictas: excluyó de la base de datos a los patógenos que infectan organismos complejos y limitó los ensayos a entornos estrictamente aislados. La comunidad científica califica el hallazgo como un punto de inflexión decisivo para desarrollar terapias contra infecciones resistentes a los medicamentos tradicionales.

A diferencia de las bacterias o las células humanas, los virus no son seres vivos y su genoma es considerablemente más compacto. El código de estos fagos sintéticos abarca aproximadamente 5.400 pares de bases, cifra reducida si se compara con los 500.000 pares que exige el organismo vivo más elemental o los tres mil millones del genoma humano. A pesar de esa inmensa brecha de escala, los investigadores afirman que el siguiente objetivo será aplicar este aprendizaje para diseñar organismos vivos simples en una computadora.

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