Las promesas de recuperación vial para el sur del estado Bolívar continúan marchando a un ritmo que no compagina con la urgencia de sus habitantes y usuarios. Mientras los anuncios oficiales del Plan de Atención Integral a la Vialidad concentran su atención y recursos en el tramo norte de la Troncal 10 —con la colocación de asfalto pesado entre El Callao y Sifontes—, el trayecto comprendido desde el kilómetro 88 hasta Santa Elena de Uairén permanece sumido en un alarmante estado de abandono y deterioro crítico.
A pesar del despliegue publicitario sobre las inspecciones gubernamentales en la zona, la realidad en el eje sur es radicalmente distinta. Quienes transitan la ruta que atraviesa la Sierra de Lema (La Escalera) y se adentra en la Gran Sabana deben enfrentarse diariamente a una calzada severamente erosionada, marcada por hundimientos masivos y cráteres profundos que los transportistas locales ya catalogan de forma irónica como verdaderas «piscinas olímpicas».
Esta situación ha encendido las alarmas entre los gremios de transporte de pasajeros y de carga pesada. La gravedad de las fallas de borde y la falta de capa asfáltica incrementan de forma exponencial el riesgo de siniestros, volcamientos y encallamientos.
Por ello, choferes y expertos recomiendan evitar de forma categórica el tránsito de autobuses de gran altura y vehículos de tracción simple, los cuales quedan expuestos a sufrir severos daños mecánicos en sus ejes y sistemas de suspensión.
Colapso de drenajes y fallas estatales en la Sierra de Lema
Desde una perspectiva de ingeniería vial, el colapso estructural del tramo sur responde a la saturación hídrica y a la falta histórica de mantenimiento preventivo en el sistema de drenajes colectores.
En el sector de la Sierra de Lema se evidencia una pérdida total del soporte de subrasante debido al colapso de alcantarillas metálicas y de concreto, las cuales superaron su vida útil y se encuentran obstruidas por sedimentos. Esta deficiencia en la canalización de aguas de lluvia provoca la infiltración directa en el cuerpo de la vía, acelerando la erosión interna y generando tres fallas de borde críticas de geometría inestable.
Asimismo, el diseño original de la carretera —concebido primordialmente para el flujo turístico y de suministro ligero— se enfrenta hoy a una fatiga acelerada del pavimento, incapaz de soportar las cargas axiales y el tonelaje excesivo de los vehículos vinculados a la actividad del Arco Minero, lo que ha derivado en asentamientos diferenciales y deformaciones plásticas insostenibles.
Si bien las autoridades regionales e inspectores del Ministerio de Transporte señalaron que las labores abarcarán hasta la frontera con Brasil, las denuncias comunitarias y los reportes viales recopilados en plataformas como Instagram confirman que las cuadrillas de asfaltado pesado aún no han iniciado intervenciones profundas desde el kilómetro 88 hacia adelante.
El clamor de los sectores comerciales, turísticos y de transporte es unísono: se requiere una atención inmediata y real en la zona sur de la Troncal 10 para evitar el aislamiento definitivo de esta estratégica región fronteriza.
Dr. Luis Riobueno
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