

Esta semana comenzó en el estado Bolívar el programa de atención social ‘Ruta de la Esperanza’, una iniciativa dedicada a fortalecer el bienestar emocional de niños, adolescentes y adultos mayores en los centros de refugio.
Mediante una acertada combinación de dinámicas recreativas y la confección de juguetes tradicionales, el proyecto transforma el dolor de las familias damnificadas en un proceso de resiliencia colectiva, invitando a la sociedad civil a sumarse desde la solidaridad.

Origen y sus precedentes
La puesta en marcha de este programa responde directamente a la contingencia habitacional generada por las recientes afectaciones en el territorio nacional, situaciones de emergencia que obligaron a la apertura de diversos refugios provisionales tanto en la ciudad de Caracas como en el estado Bolívar.
Ante este escenario complejo, las autoridades culturales y los creadores comunitarios identificaron que, más allá del suministro indispensable de alimentos e insumos de higiene personal, la población afectada requería una atención que alimentara el espíritu y aliviara la tristeza de haberlo perdido todo.
Para articular esta respuesta, el pasado viernes se convocó a una reunión organizativa inicial. El encuentro dio como resultado inmediato la creación de un comité de alianzas interinstitucionales enfocado en canalizar las intenciones de los ciudadanos, superando las barreras institucionales bajo la premisa de «pueblo atendiendo al pueblo» para estimular la empatía, el respeto y el acompañamiento vecinal.
El epicentro de las operaciones se localiza en el estado Bolívar, concentrando sus esfuerzos iniciales en los municipios más poblados de la entidad, Caroní y Angostura, los cuales lideran formalmente las jornadas de trabajo sin menoscabo de las diligencias que se efectúan en el resto de las localidades.

Sala de Arte: centro de recepción de los materiales
Como espacio físico central, la Sala de Arte Sidor ha asumido el rol de centro de recepción de materiales y la concentración de la producción final.
Los organizadores han sido enfáticos en señalar que este recinto no está desarrollando eventos públicos ni festejos masivos debido al contexto de lucha que atraviesa el país; por el contrario, funciona estrictamente como un punto de encuentro técnico para los cultores y la comunidad general.
La ejecución de la «Ruta de la Esperanza» agrupa a una extensa red de organizaciones que aportan capacidades desde sus respectivas sedes. Entre los integrantes del comité se encuentran el Ministerio para la Educación, Misión Cultura, Fundeporte, la Secretaría de Cultura del estado, Instituto Municipal de Cultura (IMC) Caroní, la Casa de la Cultura Ateneo de Ciudad Guayana, Movimiento de Coralistas de Ciudad Guayana y los movimientos de danza de la región, así como instituciones de educación superior como la Universidad Nacional Experimental de Guayana (UNEG) y la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).
Organizaciones aliadas
La estrategia comunitaria se desarrolla a través de dos ejes de acción simultáneos y sin orden jerárquico establecido. El primero de ellos es el eje de interacción, el cual se implementa de forma prioritaria en los refugios geográficamente más cercanos a las situaciones críticas. Este componente contempla la realización de sesiones de cuentacuentos, actividades recreativas, dinámicas lúdicas, lecturas de poemas y talleres con pinceles y papagayos, permitiendo un contacto directo que reaviva la alegría de los niños.
El segundo componente es el eje de producción artesanal, caracterizado por la consigna «manos a la obra». Voluntarios y cultores dedican extensas jornadas de labor (que con frecuencia culminan a la una o dos de la mañana) para confeccionar juguetes con retazos de tela proporcionados por los vecinos.
La producción se enfoca en artículos tradicionales como muñecas de trapo, títeres, gurrufillos, perinolas y cojines con formas de animales, elaborados bajo un diseño neutro para que no posean distinción de género y puedan ser disfrutados por cualquier infante por igual.
A la par de la confección de objetos, el eje productivo incorpora un ejercicio didáctico de empatía: niños de la región redactan cartas manuscritas dirigidas a los menores que se encuentran en los albergues.
Un ejemplo de esto es la iniciativa de Ana María, una niña de ocho años residente de Ciudad Guayana, quien mediante un texto ofrece palabras de aliento y una nueva perspectiva de hermandad a otro infante que no conoce, promoviendo la solidaridad desde la etapa escolar con el debido acompañamiento de padres y representantes. Y Silvana, quien forma parte de Los niños cantores de Unare, comentó que fue una gran experiencia, y que espera que más niños se sumen.

Más de 90 muñecos en tres días
Rosa Gómez, directora de la Fundación Danza Berejú, dijo que «hemos logrado hacer 96 muñecos… Tres días… un grupo de trabajo de 5 personas, y nosotros con este proyecto quisimos hacerlo de esa manera, para que a ellos les llegara de una u otra forma un abracito desde la distancia con estos muñecos».
Como muestra del compromiso del tejido social de Guayana, la empresa Grafishop realizó la donación de un sello especial diseñado exclusivamente para marcar y validar las cartas enviadas por los niños de las comunidades.
Asimismo, la agrupación cultural Kaikó formalizó la entrega de un tambor tradicional tipo bumbá, sumando el compromiso voluntario de dictar talleres personalizados para enseñarle a tocar este instrumento musical a uno de los jóvenes que se encuentran actualmente dentro de los centros de refugio habilitados.
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