
Cuando Yahya Abdelwahid Al Taybi llegó al recién establecido campamento de Shati en la Franja de Gaza en 1948, lo hizo como uno de los más de 750.000 palestinos desplazados ante el avance israelí durante la Nakba. En una conversación con EFE se refiere a ella como la «primera», ya que la «segunda» es la actual ofensiva que Israel mantiene sobre el enclave.
«Pasamos de una Nakba a otra. Pero esta segunda Nakba es más dura que la primera. La Nakba de 2023 nos sacudió completamente», dice en la tienda de campaña en la que se encuentra refugiado el anciano, de 90 años, junto a su familia en el barrio de Sheij Radwan de la ciudad de Gaza.
El recuerdo de Al Jiyya y el fin del mandato británico
Al Taybi huyó ante el avance israelí en su aldea natal, Al Jiyya, en lo que hoy es territorio israelí próximo a la Franja de Gaza, hacia Hebrón, en el sur de Cisjordania. Tenía, recuerda, apenas 12 o 13 años.
«Cuando vinieron los judíos, los ingleses les entregaron tanques y armas antes de retirarse, para que pudieran derrotarnos», cuenta rodeado por familiares. «Nosotros en el pueblo apenas teníamos rifles viejos para vigilar los caminos», sigue, para rápidamente retrotraer la conversación a la vida antes de la invasión: «Nuestra vida entonces era sencilla y hermosa: oro, dátiles, comida, alegría…».

Un nuevo exilio entre los escombros de Gaza
Unos 190.000 palestinos se vieron desplazados a la Franja de Gaza durante la Nakba. Ahora, Yahya habla desde una tienda de campaña en otro campamento de refugiados, el de Sheij Radwan. Pese al alto el fuego vigente en el enclave desde el pasado octubre, cientos de miles de gazatíes continúan desplazados entre los escombros.
El propio Al Taybi dice haberse visto forzado a desplazarse más de cuatro ocasiones por el avance militar. Sentado sobre uno de los sofás que por la noche harán las veces de cama, bajo su túnica asoma el muñón de la pierna izquierda. La perdió durante un ataque israelí en la actual ofensiva contra la Franja, que comenzó en octubre de 2023 y se ha cobrado hasta ahora la vida de más de 72.700 personas.
La diferencia entre la ocupación y la tragedia actual
«En la Nakba de 1948 no hubo asesinatos, sólo ocupación. Pero esta Nakba es una tragedia no sólo para el pueblo palestino, sino para los pueblos del mundo», afirma. Aunque su aldea no fue el escenario de una masacre, recuerda escuchar los rumores sobre lo que ocurría en otras localidades, como Deir Yassin, donde milicias sionistas mataron a más de 100 palestinos en abril de 1948 para sembrar el miedo.
En total, la Oficina Central de Estadísticas Palestina estima en unos 15.000 los palestinos asesinados durante la catástrofe de 1948, una cifra ampliamente superada por los registros del conflicto actual.
El legado de 90 descendientes y el derecho al retorno
«Tengo cinco hijos, y esos cinco hijos tuvieron alrededor de 70 descendientes», explica. Todos ellos son considerados refugiados palestinos con derecho al retorno a su tierra, un principio respaldado por las Naciones Unidas.
Yahya enumera con orgullo los nombres de sus hijos —Marwan, Muhammad, Sufyan, Tariq y Ahmad— y de sus hijas —Nawal, Salwa y Manal—. «Ahora somos más de 90 personas. Tengo 90 años. Gracias a Dios, nunca perdí mi dignidad», afirma. Sin embargo, su determinación es tajante frente al futuro: «No permito ni a uno de mis hijos que salga de esta tierra. O morimos todos juntos o vivimos juntos».
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