Flor y Joaco
Flor y 'Joaco'; la pareja argentina que decidió cambiar su estilo de vida, viajando y conociendo países. Foto: Alvis Cristina.

Para muchos, el éxito se mide en estabilidad, un empleo con jubilación o una licencia docente ganada con los años. Sin embargo, para Flor Latzk, licenciada en Medio Ambiente, y su pareja Joaquín ‘Joaco’, profesor de música, el éxito se mide en kilómetros, amaneceres distintos y el ronroneo constante de una «combi» argentina modelo 83.

La pareja junto a su perrita Penny, originaria de la Patagonia -sur de Argentina-, está por cumplir tres años de haber comenzado un nuevo estilo de vida, convirtiéndose en una filosofía.

«Siempre dijimos que cuando viajamos estábamos sonrientes y felices todo el tiempo. En un momento dijimos: ¿Y por qué no lo convertimos en forma de vida?», recordó Flor sobre el impulso que los llevó a renunciar a sus trabajos y volverse unos trotamundos.

Combi del 83 en la que viajan Flor y Joaquín.

Tras recorrer Argentina durante un año y medio, cruzar Uruguay por seis meses y Brasil por ocho, la pareja ha hecho de Venezuela su cuarto hogar temporal.

Entraron por la Gran Sabana, un lugar que describen como un oasis de «paz, agua dulce y naturaleza», elementos vitales para quienes vienen del extremo sur del continente.

A pesar de llevar poco más de un mes en territorio venezolano, la conexión ha sido inmediata, no solo con el paisaje, sino con la calidez humana.

«Por ahora lo que más nos gusta de Venezuela es la gente. Son súper amables, todo el mundo está siempre preguntando si necesitamos algo. Nos han mimado un montón regalándonos comida y charlas», dijo Flor.

Una vida más barata de lo que se cree

Vivir en movimiento en un vehículo no es solo una aventura romántica; es un ejercicio de ingeniería y economía creativa. Sin facturas de luz ni gas, y con un panel solar como fuente de energía, Flor y Joaco demuestran que la vida es «más barata de lo que uno cree».

Su sustento proviene de un bazar itinerante donde venden artesanías, inciensos y stickers. No buscan lugares para trabajar; trabajan mientras viajan.

Los gastos se reducen a lo esencial, que son el combustible, comida, el bienestar de Penny y las constantes reparaciones que exige un auto clásico.

Venezuela: cuarto país

Su paso por Venezuela tiene una meta ambiciosa: recorrer desde las playas del Parque Nacional Mochima, Parque Nacional Morrocoy e Isla de Margarita hasta los Médanos de Coro y las cumbres de Mérida y Táchira, lugares que les recuerda a su Patagonia natal.

Cabe destacar que la pareja puede permanecer en el país durante seis meses.

En el ámbito gastronómico, ya se han iniciado en el ritual de la harina de maíz.

«Ya hemos aprendido a hacer arepas. Probamos también hallacas y cocadas… hicimos arepas nosotros también; no sé si quedaron bien, pero estaban comibles», contó Flor entre risas.

Colombia y un futuro incierto

El plan inmediato es Colombia, pero el horizonte permanece abierto. No saben si bajarán por el Pacífico hacia Ecuador, Perú y Bolivia o si cruzarán a Panamá para conquistar Centroamérica.

Lo que sí tienen claro es que seis meses no serán suficientes para Venezuela y existe la posibilidad que vuelvan al país para continuar conociendo sus maravillas.

«Ahí estamos viendo cuánto tiempo tenemos que estar fuera de Venezuela para volver a entrar», apuntó.

Al final del día, para estos patagónicos, el eje no es el destino, sino el movimiento. Porque, como bien dice Flor, ellos ya no viajan para escapar de la vida, sino para que la vida no se les escape.

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