De la cúspide de la excelencia industrial a la desolación absoluta, la Planta de Pellas de Ferrominera Orinoco, un activo estratégico que pertenece a todos los venezolanos, hoy se encuentra en ruinas. Ante esta grave realidad, el líder sindical y coordinador del Movimiento Lealtad por Venezuela, Ramón Chacín, alzó la voz para exigir responsabilidades políticas y judiciales frente a lo que califica como una destrucción sistemática y planificada de las instalaciones.

La historia de esta planta demuestra que Guayana sí sabe producir con calidad. Inaugurada en 1994 con tecnología japonesa de Kobe Steel y bajo la tutoría del experto mundial Kunihiko Tokutake, la planta nació con el objetivo de formar al talento nacional y garantizar una operación de clase mundial, alcanzando una capacidad de 3.300.000 toneladas anuales.

Ese éxito se consolidó en 1998 con la creación de TOPPCA, una empresa mixta con 50 por ciento de participación obrera que, bajo la gestión del geólogo César Bertani, batió récords históricos de producción y distribuyó ganancias justas a sus trabajadores, convirtiéndose en el ejemplo perfecto de compromiso y eficiencia obrera.

Inicio del declive y la paralización absoluta

Sin embargo, el declive comenzó en 2008, cuando Ferrominera asumió el control total de la planta, marcando el inicio de un deterioro progresivo que hoy nos mantiene en una realidad devastadora. Las instalaciones están totalmente paralizadas desde noviembre de 2022 y diversas áreas presentan un estado de abandonment crítico. Al mismo tiempo, proliferan las denuncias sobre el desmantelamiento de componentes estratégicos y la venta ilegal de importantes activos industriales bajo la figura de chatarra.

Para colmo, el caos administrativo mantiene una nómina de casi 550 trabajadores en una infraestructura diseñada para 270 personas, mientras la producción sigue en cero y las oportunidades de expansión nunca llegaron.

Rol de la transnacional Jindal en Guayana

En medio de este colapso, la irrupción de la multinacional india Jindal, a través de su filial, lejos de reactivar el aparato productivo, forma parte de una estrategia que convalida el desmantelamiento de nuestra capacidad de procesamiento. Chacín denuncia con firmeza que Jindal no vino a recuperar la Planta de Pellas ni la de Briquetas, sino que vino exclusivamente por el mineral de hierro crudo.

Su inversión se limita a maquinaria que facilite una extracción exprés y directa del mineral para despacharlo mensualmente en grandes buques hacia sus acerías en el mundo, convirtiendo a Guayana en un simple puerto de extracción de materia prima barata y destruyendo la soberanía industrial.

Desigualdad laboral y brechas de seguridad

Esta operación de la transnacional se sostiene sobre una profunda e indignante desigualdad para la clase obrera, toda vez que mientras los trabajadores locales perciben salarios de miseria y enfrentan graves penurias económicas con una mano de obra prácticamente regalada, la empresa otorga bonificaciones selectivas y pagos no lineales solo a los grupos vinculados a la extracción inmediata de Jindal, rompiendo la unidad laboral.

El contraste de los privilegios es inaceptable, pues los altos ejecutivos se desplazan en vehículos de alta gama con choferes asignados, mientras los trabajadores arriesgan la vida siendo transportados en unidades que no cumplen con las más mínimas condiciones de seguridad para garantizar que regresen sanos y salvos a sus hogares.

Exigencia de transparencia y acciones judiciales

Ante este escenario de atropello, el sector sindical formula un emplazamiento público a las autoridades y exige transparencia absoluta sobre los términos reales del contrato suscrito con la empresa india. La base trabajadora exige saber qué beneficio económico e industrial concreto recibe Venezuela a cambio de entregar su mineral de hierro, cuáles son los compromisos firmados para invertir en la reconstrucción de las plantas y de qué manera se está protegiendo el patrimonio físico de Ferrominera Orinoco junto a los derechos contractuales de su personal.

Por todo esto, se solicita formalmente la apertura de una investigación independiente e inmediata por parte de los organismos de control del Estado. Urge auditar el destino de los activos vendidos como chatarra, revisar a fondo los procesos de contratación con Visco Orinoco y frenar las violaciones a los derechos laborales.

Chacín asegura que la verdadera recuperación de Guayana jamás se logrará actuando como un simple exportador de tierra y piedras. “Venezuela necesita imperativamente recuperar sus industrias, generar valor agregado y respetar a quienes sudan la camiseta, porque la Planta de Pellas no puede seguir siendo el símbolo del abandono, sino el orgullo productivo de toda la clase obrera”, finalizó.

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