Juan Antonio Avellaneda

El colapso del sistema eléctrico nacional en los últimos días es el mejor reflejo de la mezcla de 3 factores propios de este llamado Socialismo del Siglo XXI: ineficiencia, corrupción e ideología. Tres factores que han sido los causantes de la perdida de la mitad de la economía del país en los últimos años. Ahora todo se refleja en el colapso del sistema eléctrico.

Para los economistas el consumo de energía es un buen indicativo de la economía de un país, de hecho el mismo Nicolás Maduro en entrevista el pasado enero a María Elvira Salazar, presumía de un aumento del consumo de electricidad en el país por lo que significaba una mejora de la economía.

Antes de la llegada de Hugo Chávez al poder en 1998, existía un plan de energía eléctrica basado en una nueva Ley de Electricidad promulgada por Rafael Caldera, la cual permitía al capital privado participar en la transmisión y distribución de electricidad, reservando al Estado la generación.

Era un primer paso a la desregulación que buscaba dejar la electricidad producida por el Guri para el sector industrial de Guayana y petrolero del Orinoco, otorgándole una ventaja competitiva al mismo. Buscaba que el sector residencial fuese alimentado por plantas generadoras de electricidad vía gas natural, lo que significaba, a su vez, el desarrollo del sector gas natural, en especial los yacimientos del estado Sucre.

Cuando Hugo Chávez llega al poder respeta ese plan, de hecho, Rafael Ramírez se inaugura en la administración de Chávez como presidente de Enagas. El desarrollo de la Plataforma Deltana y el Proyecto Mariscal Sucre costas afueras de gas natural eran banderas de Chávez y Ramírez. Ese gas sería utilizado para generar electricidad de una forma limpia y barata aliviando el Guri. Sin embargo la ideología comenzó a prevalecer sobre la lógica. Un sueño faraónico de Hugo Chávez, de hacer el poblado de Guiria el centro industrial de estos proyectos comenzó a espantar a las trasnacionales que se habían comprometido al mismo.

Además, el aumento de las regalías e impuestos hicieron que las trasnacionales abandonaran el proyecto y al día de hoy el Mariscal Sucre es historia y la Plataforma Deltana también.

Ese plan de usar las inmensas reservas de gas natural quedó en el olvido principalmente por caprichos ideológicos de Hugo Chávez.

En consecuencia el plan de aliviar el Guri y crear una red de plantas generadoras de electricidad termoeléctricas vía gas también se esfumaba.

En 2007, año en el que las nacionalizaciones y expropiaciones tuvieron su apogeo, le tocó también la misma medicina al sector eléctrico. Nacionalizaron las pocas empresas privadas del sector: La operación más emblemática fue la compra por 740 millones de dólares de La Electricidad de Caracas por parte de PDVSA, originando más tarde a Corpoelec, que es la unión de todas estas empresas adquiridas por el Estado más las estatales ya existentes.

Es aquí cuando se colocan las semillas de una de las mayores corrupciones de este ciclo histórico. La ineficiencia traducida en mal mantenimiento se va apoderando del sector al punto que a finales de 2009 comienzan a producirse los apagones nacionales nunca antes vividos por lo que en 2010 Hugo Chávez decreta la Ley de Emergencia Eléctrica. Y es por ello, con el argumento de solventar la crisis en el sector, que se destina un presupuesto multimillonario con fin de modernizar el mismo. Predominaron los contratos “vía rápida”; es decir, sin licitación.

De tal manera, la corrupción se torna en el factor primordial en este sector. Gracias a ese decreto de emergencia eléctrica, muchos se convirtieron en millonarios, mientras el sector seguía con las mismas deficiencias.

La ideología que llevó a la ineficiencia gerencial y corrupción generalizada es en resumen la causa de esta grave crisis eléctrica que vive el país, y como el sector eléctrico es un excelente aproximado de la salud de la economía de un país, concluimos que esa fórmula también es la causa de la destrucción económica que ha vivido Venezuela.